Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Rubén, más vivo que nunca

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Suena más acertado contarles que asistí a un reciente concierto de Rubén Blades. Que nos hicimos amigos, caminamos por lugares de su infancia y me explicó cómo se inspiró para sus canciones.

Que me presentó a sus amigos, me reservó puesto de preferencia en sus conciertos y me invitó a su casa para intimarme su vida: hijo, mensajero, estudiante, padre, cantante y candidato presidencial.

Sí, esto se siente como espectador de “Yo no me llamo Rubén Blades”. También le vi en tarima con Héctor Lavoe y Willi Colón, los tres muy jóvenes y debutantes.

Esto provoca su paisano y amigo Abner Benaim, cineasta que se dedicó tres años al proyecto del documental. Desde 1976, cuando presentaron en las salas la película del concierto de “Fania All Stars”, de Jerry Masucci, esta fantasía no se repetía.

“Yo no me llamo Rubén Blades” (2018), está narrado en primera persona y que lo haga el cantante que a pesar de su edad conserva su lucidez, su vitalidad y su voz intactas, garantizó el éxito del documental.

En la historia de la cultura latinoamericana, Blades en música y García Márquez en literatura, se asemejan: no tienen competidores como narradores y son innovadores.

Rubén Blades logró que quienes tildaban los ritmos bailables de productos alienantes, se enamoraran de su propuesta de salsa social y lo aceptaran con sus “Seis del solar” en las reuniones de intelectuales.

Me atrevo a hacer las siguientes analogías: Buscando a América y El otoño del patriarca, Pedro Navaja y Crónica de una muerte anunciada, Maestra vida y Cien Años de soledad.

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