El domingo 26 de agosto se llevará a cabo el sexto certamen democrático en menos de doce meses… los cuatro primeros fueron en su orden la Consulta del Partido Liberal, la elección de Congreso y la primera y segunda vuelta presidencial.
Se totalizan cinco fines de semana con Ley Seca en menos de un año, lo que equivale para la industria de la diversión y el esparcimiento a un mes sin ejercer su actividad. En fin… los costos injustos que trae una imperfecta democracia.
Entrando en materia, deseo manifestar en esta nota mi indecisión sobre qué posición tomar en la Consulta Anti Corrupción que se realizará el próximo domingo.
En primer lugar, ¿Quién en sus cabales y que profese un elemental sentido ético y moral podría aplaudir la corrupción? Lo que es verdaderamente asombroso y completamente absurdo es que tengamos que gastar considerables recursos económicos en organizar una “Consulta Democrática” para obtener un Sí -o siete síes- en un tema donde la razón elemental y el buen juicio gritan que no hay duda posible. ¿Realismo mágico o summa estolidez?
En segundo lugar, el hecho de que ciertos personajes maniqueistas -ellos son decentes y los demás somos lo contrario- enarbolen la Consulta Anticorrupción como bandera política produce aprensión y fastidio.
Lo que menos desearía es llegar a servir de tonto útil a estos comediantes.
Y finalmente, la desilusión democrática que padecí como consecuencia del robo del No en el pasado plebiscito me hace ver este nuevo episodio electoral como un embeleco, un acto más de una repudiable comedia.
En fin, le pido al Creador entendimiento para obrar en consecuencia este domingo.
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