Cali, junio 27 de 2026. Actualizado: sábado, junio 27, 2026 00:07
Desde 2014, cuando la crisis de Venezuela se agudizó, inició la migración más grande que se haya dado hacia Colombia, se calcula que desde entonces ha ingresado a nuestro país más de un millón de venezolanos que huyen de las complejas condiciones sociales, económicas y políticas impuestas por el régimen de Nicolás Maduro.
En el último año, en el que lo poco que quedaba del aparato productivo venezolano desapareció, el éxodo se aceleró. Sin trabajo, sin comida, sin medicinas y, además, sin una alternativa de cambio a la vista, pues todo está dado para que Nicolás Maduro se “reelija” en un proceso electoral en el que no participará la oposición, son cada vez más los venezolanos que llegan a nuestro país, la mayoría para quedarse, y otros en tránsito hacia alguna otra nación cercana, como Chile, Ecuador, Panamá y Perú.
Este tipo de migraciones permiten la consolidación de los regímenes totalitarios, a Maduro le conviene que el mayor número de venezolanos insatisfechos se vaya, porque cada uno representa un voto menos para la oposición, una voz crítica menos en el país.
Colombia es el mayor receptor de venezolanos, el impacto social de este fenómeno ya se siente, pues son más personas demandando empleo y servicios sociales en un país que no tiene resuelta ni siquiera la situación de sus propios ciudadanos.
Aquí hay un reto mayúsculo para el Gobierno Nacional, pero también para la comunidad internacional. Si bien se debe partir de la solidaridad con el pueblo venezolano, la solución de fondo está en acciones que conlleven al hermano país de regreso a la democracia.
La ONU, la OEA y demás organismos multilaterales no pueden ser simples espectadores de la tragedia venezolana ni validar con su indiferencia la perpetuación de Maduro, hay que presionar para que se dé la transición en Venezuela.
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