Cali, mayo 2 de 2026. Actualizado: jueves, abril 30, 2026 22:11

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Desplome del convento de la misión

San Francisco, historia y literatura entre muros

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Foto: Comunicaciones Alcaldía de Cali

Los caleños mayores de sesenta años, nacidos en el medio siglo anterior, que caminan por los andenes aledaños a la antigua construcción del Convento de San Francisco, ignoran si allí todavía habitan monjes y si también se conserva arte religioso en su interior.

Los jóvenes, menores de cincuenta, además desconocen la historia misionera. Los mayores, solamente pueden testimoniar que en los años setenta el Alma Máter de la San Buenaventura funcionó en la esquina de la carrera quinta con calle novena, y eso, porque observaban las romerías de universitarios, hasta que fueran trasladados a la sede de La Umbría en Pance.

Desde entonces, el acceso apenas está permitido a la capilla “La Inmaculada Concepción” y la parroquia “San Francisco” y cuando los sacerdotes terminan sus oficios religiosos, por un pasaje interior comunicante vemos que pasan a ese mundo entre muros.

Lo que la lluvia se llevó

El pasado martes 24 de mayo de 2022, cuando se desplomó un muro, abriéndose un boquete de media pared, los caleños que caminaban por la plazoleta hacia la Gobernación, confundidos con la estatua del santo Francisco, lamentaron el hecho provocado por el invierno y la humedad, sin escapar a la curiosidad de mirar por el boquete para descubrir los secretos enclaustrados en el lugar.

Se podría hacer una analogía con la experiencia vivida por Gabriel García Márquez, aquel 26 de octubre de 1949, cuando se iniciaba de reportero y el maestro Clemente Manuel Zabala, jefe de redacción, le encomendó como primer trabajo periodístico que narrara una crónica sobre la demolición del antiguo convento de Santa Clara.

Por supuesto, difieren los casos, porque en Cartagena el antiguo convento fue vendido para levantar un hotel turístico y lo demolieron trabajadores a punta de porrazos, mientras el de San Francisco fue víctima del abandono y la humedad inclemente. Eso no suprime la similitud histórica y espiritual de ambas misiones, lo mismo que el impacto ocasionado por el derrumbe de los conventos.

La misión de las dificultades

Desde que desembarcó en el Nuevo Mundo, la misión de los franciscanos padeció de diversas dificultades, que tampoco les faltaron en Santiago Cali, mientras emprendían su proyecto religioso y educativo.

A la Misión Franciscana, la misma Corona Española le retardaba el otorgamiento de las reales cédulas; la misión llegó a nuestro municipio cuando ya se habían posicionado las otras de los agustinos, de los mercedarios y de los dominicos; lo insólito, hubo pugnas entre los misioneros franciscanos de Popayán y sus émulos de la misma orden que implantarían un convento en Santiago de Cali; el fallecimiento del presbítero adinerado que por testamento donó los fondos para la construcción del nuevo convento; el presidente Tomás Cipriano de Mosquera, en 1863, los expulsó; y, finalmente, sólo faltaba que los fenómenos naturales se ensañaran desplomando uno de sus muros.

Historiadores contra el olvido

Las facetas padecidas por el Convento de San Francisco son ignoradas por los caleños. Por eso, para suplir el vacío de conocimientos sobre la historia encerrada entre los muros ahora frágiles, habrá que acudir a fuentes bibliográficas con memorias e investigaciones, por ejemplo, estas recomendadas, entre otras: “El Alférez Real” (novela) de Eustaquio Palacios; ” “Tertulias del Cali Viejo”, del Centro de Estudios Históricos y Sociales de Santiago de Cali; “Cali ciudad conquistadora”, de Nicolás Ramos Hidalgo; “Del Cali que se fue”, de Manuel María Buenaventura; “Historia de la Capilla de San Antonio y el Corrillo El Gato Negro”, de Luis Tafur Victoria; “Crónicas del Cali Viejo”, de Andrés J. Lenis; “Colegios de Misiones Franciscanos”, autoría colectiva de Constanza Cobo Fray, Erick Figueroa Pereira, Isabel Urriago Avendaño y Juan Pablo Rada Quesada.

Convento y literatura

El Convento de San Francisco, no sólo encierra tres siglos de historia entre sus muros, también quedó registrado en la literatura colombiana, inspiró al escritor Eustaquio Palacios para que le dedicara el capítulo XXIV de su novela “El Alférez Real”, publicada en octubre de 1886.

“A principios del año 1750 resolví volver a Cartago a Popayán, donde el doctor Cayzedo estaba empeñado en fundar Colegio de Misiones. Al pasar por Cali, el doctor Hinestrosa, clérigo presbítero, y de mucho caudal, me propuso que deseaba que en Cali se fundase un Colegio de Misiones: convine en ello con mucho gusto, y para su fundo, se hizo escritura de donación de sesenta mil patacones; en cuya virtud se ocurrió a España por las licencias necesarias. Con algunas limosnas con que contribuyeron personas devotas, se compraron los solares en que se había de fundar el Colegio. En el año 1757 me llegó la cédula del rey para la fundación del convento; con ella pasé en compañía del Padre fray Joaquín Lucio a Cali (de Popayán) a dar calor a dicha fundación. Deparónos Dios para hospicio una casa contigua a la capilla de San Joaquín con tránsito a la iglesia; en ella se daba pasto espiritual a todo el vecindario (…) En el año 1764, estando ya en buen estado el Colegio de Misiones, acabada la iglesia y con suficiente vivienda dejamos el hospicio de Santa Rosa y nos pasamos al nuevo convento”.

Monumento nacional

No es la primera vez que las inclemencias de la naturaleza se ensañan contra el Convento de San Francisco, en el pasado dos sismos afectaron su edificación.

El movimiento telúrico del 7 de junio de 1925, provocó el desplome parcial de la cúpula de la iglesia, que tuvo que ser sustituida por otra. En 1927, otro sismo, agrietó la torre Mudéjar, pero esta fue reforzada con aros de hierro y vigas de concreto.

El área de influencia de la Iglesia de San Francisco, en consideración a su pasado histórico, su arquitectura antigua y la Torre Mudéjar, que sirve de campanario, fue declarada monumento nacional en 2004 por el Ministerio de Cultura.

En buena hora el Ministerio de Cultura y las jurisdicciones Departamental y Municipal, asumen su restauración. Ahora sólo falta que como ocurrió en 1764, san Francisco nuevamente haga el milagro de concedernos mucha paz y concordia entre vecinos.

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