Cali, enero 24 de 2026. Actualizado: sábado, enero 24, 2026 00:06
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Acaban de lanzar “Las cartas del Boom” (Alfaguara, julio de 2023), libro editado en tiempos que la carta de papel es desplazada por el desarrollo tecnológico de la comunicación y predomina la brevedad en los mensajes.
El género epistolar ya no les interesa a los nuevos lectores porque otrora estuvo engavetado a pesar del entusiasmo por las letras.
Por si acaso, los jóvenes leen las cartas que dirigió Andrés Caicedo a sus amigos o las cartas de amor que se intercambiaron Simón Bolívar y Manuelita Saenz.
Las cartas desnudaban los sentimientos de los enamorados.
Las jovencitas del siglo pasado guardaban celosamente en los baúles las cartas que recibían de sus novios, midiendo la intensidad del amor con la cantidad de mensajes.
La literatura epistolar es más antigua que la novela.
Son famosas las epístolas de San Pablo a los cristianos.
Hubo escritores que dieron forma a sus novelas mediante cartas antológicas, por ejemplo, “Las amistades peligrosas” (1782), de Pierre Choderlos de Laclos.
Antonio Skarmeta, Chile 1940, publicó su novela “El cartero de Neruda” (1985), que fue llevada al cine en 1994.
Fanny Buitrago, publicó “Cartas del Palomar” (Valencia Editores 1988). Ramón Sampedro, escribió “Cartas desde el infierno” (1996), con misivas a amigas, narrándoles su vida y su lucha para que la justicia española le autorizara la eutanasia.
Los críticos de la novelística vanguardista de los sesenta siempre contextualizaron la novela en una época que denominaron Boom de la Literatura Latinoamericana.
Pero los lectores no tuvieron claro si el apelativo se debía simplemente al éxito editorial o a un nuevo estilo narrativo y temático.
Sin embargo, Boom fue la palabra emblemática que repetían cada vez que presentaban una nueva novela.
José Donoso (“Historia Personal del Boom”. Editorial Anagrama 1971) y Xavi Ayén (“Aquellos años del Boom”. Editorial Debate 2018), suplieron un poco esa carencia clasificatoria.
Donoso escribió esa autobiografía literaria sobre el Boom, no tomada en cuenta en razón que él hizo parte activa del grupo y se estimaba como un ensayo crítico sesgado.
Así mismo, el trabajo de Xavi Ayén (nacido en Barcelona en 1969), quien era aún niño durante los años referidos, se toma como mero trabajo periodístico.
“Las cartas del Boom” (Alfaguara, julio de 2023), es la recopilación de las confidencias literarias entre Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.
Por eso serán pruebas fehacientes para los críticos y fuente genuina para los estudiosos de la novela, porque fue como someter a chuzadas a los escritores cuando dialogaban por escrito.
Gustavo Flaubert le escribió cartas a Louise Colet con frases que le “surgían como suspiros”.
Sigmund Freud mediante cartas le anunciaba a su esposa Martha Bernays que “ella era tan dulce y tan buena”.
Franz Kafka le escribía cartas a Milena, sólo para manifestarle que “eran tan tímidos y tan temerosos”.
Eso no acostumbraron los cuatro escritores del Boom.
Sus cartas reflejan que se compartían los borradores de sus novelas y se solicitaban críticas entre sí.
Para ellos eran valiosas las prelecturas sinceras de los amigos.
Por eso “Las cartas del Boom”, son tras escenas literarias.
Además, las cartas también expresaban sus posiciones políticas ante el convulsionado mundo que aplaudía su fama de escritores.
En varias ocasiones los cuatro amigos escribieron cartas a ocho manos para dirigirlas a los grupos de intelectuales y a los gobiernos reclamando derechos para sus colegas.
Porque el libro recopila cartas escritas entre 1955 y 1975, ustedes dirán que fue una publicación tardía. Pero fueron documentos personales que sólo fue posible rescatar, exceptuando el caso de Mario Vargas Llosa, cuando sus familiares facilitaron los legados.
Fue un trabajo arduo de Carlos Aguirre, Gerald Martin, Javier Munguía y Augusto Wong Campos, que recopila medio millar de cartas, con respectivas citas explicativas al pie de página y la cronología de su contextualización histórica.
”Su publicación merece una pachanga”, según criterio de sus editores.
“Las cartas del Boom” nos incita a hacer una relectura de la obra literaria, pareciendo ser llevados de la mano por sus mismos autores, tras ser víctimas de una especie de “violación de su correspondencia”.
Con “Las cartas del Boom” ya no consumiremos más especulaciones sobre las dos importantes décadas de oro en la historia literaria continental.
“Nunca faltaron ni faltarán críticos –afirma los editores- que descalifiquen al Boom como un espejismo publicitario, cuyas novelas no serían superiores a las de sus predecesores ni a las de una docena o una veintena de sus contemporáneos menos glamorosos o menos capaces de aprovechar la nueva ciencia de las relaciones públicas y la propaganda comercial. Sin embargo, los cuatro escribieron en ese momento clásicos latinoamericanos duraderos, además de una obra que se extendió a los largo de varias décadas. La verdad más importante de todas, casi siempre ignorada por los revisionistas de los últimos cuarenta años, es que la novela latinoamericana fue la única literatura del planeta que reaccionó de forma plena a la coyuntura compleja y extraordinariamente fértil de la década de 1960, la época más apasionante desde la de 1920 y, desde las perspectivas política y cultural, el último gran momento utópico de Occidente”.
Leyendo “Las cartas del Boom”, escudriñamos las razones personales de Julio Cortázar, Carlos Fuentes, García Márquez y Mario Vargas Llosa, coadyuvantes para que los cuatro amigos preservaran su camaradería o fueran relevantes sus posiciones políticas individuales para pronunciarse colectivamente frente a algún problema de los escritores disidentes con lo regímenes dictatoriales .
Definitivamente, “Las cartas del Boom” contiene el abono que le permitió germinar a una nueva literatura latinoamericana.
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