Cali, abril 30 de 2026. Actualizado: jueves, abril 30, 2026 16:10
Por: Rafael Araújo Gámez
MATTHEW PEARL
EDITORIAL SEIX BARRAL
No. DE PÁGINAS: 488
Era el escritor más famoso del Reino Unido. Ya en 1854, a la mitad de su carrera, Charles Dickens era reconocido como el gran novelista social de la época. Desde Oliver Twist a David Copperfield, sus relatos aparecían por entregas en diarios y revistas, y eran seguidos por miles de lectores cada semana.
No es extraño que a su muerte, en 1870, producto de una apoplejía, la pujante industria editorial se peleara sus escritos. Sobre todo uno: El misterio de Edwin Drood, la novela que dejó inacabada.
Este es el punto de partida de El último Dickens, una novela especialmente divertida en que la realidad se cruza con la ficción y nos lleva a leer con regocijo.
La trama se inicia en Boston, donde editoriales rivales se pelean la última entrega del texto de Dickens. El mensajero que lo transporta es asesinado y el manuscrito robado. El protagonista, James R. Osgood, uno de los editores estadounidenses de Dickens, se obsesiona por recuperarlo y viaja hasta Inglaterra.
En el relato se cruzan el oscuro mundo del tráfico de opio y los tiburones del mercado editorial. “Hay una conexión interesante entre estos dos negocios.
En el siglo XIX, tanto la industria de los libros como la de la medicina (drogas) reconocieron en la población una necesidad de evadirse de la realidad en los años de posguerra”, afirma Pearl, quien aborda también la lucha que libró Dickens por los derechos de autor, luego de que sus editores le negaran mayor remuneración por sus obras.
Estaba muy enfermo, pero la última gira norteamericana no contribuyó a mejorar su precaria salud, ya que llegó de ella con el lado izquierdo de su cuerpo paralizado. Lo cual no fue obstáculo para ponerse o trabajar en una obra de suspense: El misterio de Edwin Drood. Tras haber ultimado la sexta entrega de la misma, falleció de un ataque cerebral, dejándola inconclusa.
Es esta obra inconclusa la que desata la fantasía del autor, que a través del editor Osgood, se lanza a la aventura de comprobar si no estaba esa obra completa, pues muy bien Dickens podía haber escrito primero el final para desde ahí, empezar desde un principio.
Pero la novela nos ofrece también un retrato realista de la época. Sobre todo la incorporación de la mujer a la vida laboral.
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