Cali, junio 19 de 2026. Actualizado: viernes, junio 19, 2026 18:22

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Los Cuadernos de Valdano

Del estadio a páginas literarias

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Especial Diario Occidente

El triunfo de la Selección Colombia, 3-1, frente a Uzbekistán, en su primer partido jugado en el Mundial 2026, cuyos pases y goles fueron verdaderos poemas, escritos con los guayos sobre la gramilla del estadio Azteca, merece que Jorge Valdano le reserve una página especial en sus cuadernos literarios.

El fútbol inspira literariamente a periodistas, escritores y militantes políticos, aunque estos jamás hayan disputado un balón en una cancha, pero otras veces, como es el caso de Jorge Valdano, escriben con propiedad sobre el juego de la pelota porque fueron también fueron protagonistas en carne y hueso.

Jorge Valdano (Argentina 1956) y Eduardo Galeano (Montevideo 1940- Uruguay 2015), son dos íconos, uno ex futbolista de carrera, el otro, intelectual que se deleitó como hincha del buen futbol y lo expresó por escrito por considerarlo la mejor maravilla para la inspiración literaria.

Valdano, el “Filósofo del Fútbol”, no se conformó con haber hecho historia con equipos y la Selección Argentina en mundiales, sino que quiere dejar su legado escrito:Sueños de fútbol”, “Cuentos de fútbol”, “Los cuadernos de Valdano”, “El miedo escénico y otras hierbas”.

Leeremos más jugadas y buenos goles que enriquecen la literatura, cuando haya más crack, que en retiro emulen a Valdano, el ex mundialista que alternó con Diego Armando Maradona en la Copa Mundo México 1986, el ex entrenador del Real Madrid y el actual comentarista deportivo más solicitado por diarios y revistas del mundo.

Fútbol a sol y sombra

Eduardo Galeano con “Las venas abiertas de América Latina” (1971) influyó en las juventudes universitarias y en la protesta revolucionaria de los años setenta y tuvo que exiliarse lejos de su patria, sin embargo para él, ser de izquierda no fue óbice para honrar al futbol escribiendo un libro, porque lo estimó la pasión humana colectiva merecedora de ser dignificada con narrativas y lírica.

Confesó que quiso ser jugador de fútbol, pero que sólo lo lograba cuando dormía, soñaba que era el mejor en los estadios, pero decía que de día era el peor pata de palo que vieran en los campitos de Montevideo.

Galeano, diferente a esos comentaristas que sin haber tocado un balón, en las transmisiones satelitales se atreven aconsejar a los entrenadores proponiéndoles estrategias para empatar o ganar los partidos, prefirió escribir “El fútbol a sol y sombra” (1995), su legado futbolero literario.

El escritor garra charrúa, decía:Soy hincha que va por estadios suplicando una jugadita, por amor de Dios”.

Era muy cierto, lo evidenció con sus exquisitas notas sobre el fútbol criollo, el fervor de la camiseta, la maldición de los tres palos, las chilenas, el gol olímpico, la pelota como bandera, la fiesta deportiva pagana, la guerra danzada, los mundiales de fútbol, varios crack como Garrincha, Pelé, Beckenbauer, Zico, Maradona y demás dioses del balón o magos de los goles.

Gol de Rincón

Aunque Freddy Rincón falleció el 23 de abril de 2022 tras sufrir en el sur de nuestra ciudad un aparatoso accidente automovilístico, Eduardo Galeano con anticipación ya lo había inmortalizado en la página 210 de su libro “El Fútbol a sol y sombra” (1995), precisamente en la mejor jugada de su carrera futbolística.

Fue en el Mundial del 90. Colombia había jugado mejor que Alemania, pero iba perdiendo 1 a 0 y ya estaban en el último minuto. La pelota llegó al centro de la cancha. Ella iba en busca de una corona de electrizada pelambre: Valderrama recibió la pelota de espaldas, giró, se desprendió de tres alemanes que le sobraban y la pasó a Rincón, y Rincón a Valderrama, Valderrama a Rincón, tuya y mía, mía y tuya, tocando y tocando, hasta que Rincón pegó unas zancadas de jirafa y quedó solo ante Illgner, el guardameta alemán. Illgner tapaba el arco. Entonces Rincón no pateó la pelota: la acarició. Y ella se deslizó, suavecita, por entre las piernas del arquero, y fue gol”. (Eduardo Galeano. “El Fútbol a sol y sombra”).

Goles literarios

Desde que nació el fútbol a fines del siglo XIX en Inglaterra y en el siglo XX se popularizó mundialmente, durante décadas los intelectuales sintieron vergüenza de llegar a hablar del juego de la pelota o ser hincha de algún equipo, eran escépticos, no iban a los estadios a ver el alienante espectáculo de masas, porque se prevenían de enrolarse con el lupanar sin conciencia.

Pero en la segunda mitad del siglo XX, cuando ser hincha figuró como derecho inalienable, emergieron los intelectuales, los políticos, los escritores y los filósofos que expresaron su pasión por el espectáculo y apoyaron en los estadios a sus equipos de preferencia. Los escritores narraron y publicaron goles literarios.

A la vez hubo detractores o malquerientes y, otros, por el contrario, hinchas afectuosos que honraron literariamente el futbol, a los dioses del balón y los equipos.

  • Tú, despreciable jugador de futbol”. (William Shakespeare).
  • La moral y las obligaciones se las debo al fútbol”. (Albert Camus).
  • El Mundial de Fútbol es una calamidad que por suerte pasa”. (Jorge Luis Borges).
  • El fútbol es un pensamiento que se juega, más con la cabeza que con los pies”. (Milán Kundera).
  • Para mi Pele fue un dios, Chilavert un papá, Maradona un ídolo, Batistuta un amor imposible y el Pibe Valderrama un hermano”. (Laura Restrepo).

Vencer el miedo

A Jorge Valdano siempre se le reconocerá con su doble personalidad creativa: ayer futbolista y entrenador, hoy escritor.

Crack en los estadios y maestro de la palabra en sus cuadernos, titulados complementando su nombre: el europeo, el olímpico y el de andar por casa, los tres en páginas con borde verde, notas entre párrafos a puño y letra cargadas de ironía y afecto, páginas habitadas cual territorios patrios.

VENCER EL MIEDO. Cuando Valderrama jugó en el Valladolid a su manera: tocando cortito mil veces por partido, su propio público lo quería asesinar. Maturana, su entrenador, reunió a la plantilla y le propuso a su compatriota que jugara sólo los partidos de visitante hasta que la situación se normalizara. Valderrama levantó la mano para pedir la palabra y dijo: “Se lo cambio profesor. Juego los partidos de casa y descanso los de fuera”. Estas actitudes que llevan implícita una buena carga de valentía, dignidad y convicción las suelen tener aquellos profesionales orgullosos que nunca dejan tirado en mitad de una batalla. Con ellos se puede ir a cualquier parte”. (Los Cuadernos de Valdano. Página 136).


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