Cali, abril 30 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 29, 2026 21:39
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
Son pocos los colegios afortunados de poder contar entre su planta docente con un maestro, que además de enseñar una determinada asignatura, también tenga vocación por las artes dramáticas. Así mismo, son privilegiados algunos docentes con vocación artística que logren trabajar en un colegio donde el rector los valore como recurso humano y les permita aportar culturalmente a la institución educativa. Los centros docentes cumplen su misión educativa transmitiendo conocimientos a sus estudiantes, pero sólo desarrollarán una labor de extensión cultural a la comunidad los que desarrollen proyectos artísticos, como, por ejemplo, cultivo de las danzas, promoción de grupos musicales y apoyo de elencos de teatro.
Estas dos cualidades convergen en la Institución Educativa “Las Américas”, donde ejerce la docencia el maestro Carlos Yance. El profesor llegó allí hace treinta años, cuando la institución hacía parte de INTENALCO y el rector de entonces, doctor Neill Grizales Arana, le brindó todo el apoyo al proyecto teatral.
Años más tarde, cuando por su ubicación pasó a denominarse institución educativa “Las Américas” y nombraron otros administrativos, desde hace una década figura Elizabeth Palomino de Muñoz, rectora que también apoyó este legado artístico.

El maestro Carlos Yance en la Institución Educativa “Las Américas” dicta la asignatura de Lengua Castellana y siempre ha dedicado sus horas libres para cultivarles la vocación teatral a los alumnos e iniciarles en la actuación. Él no sólo ha celebrado que su institución haya triunfado en los encuentros regionales de teatro estudiantil, sino que su mayor satisfacción personal es saber que varios de los alumnos que formó en la actuación, ahora sean actores profesionales y docentes de artes dramáticas en reconocidas universidades. De su historia personal, nuestro invitado a la página de Cultura del Diario Occidente recuerda que quedó motivado por la actuación cuando de chico tuvo la oportunidad de asistir a los talleres barriales que el Teatro Foro dictaba en los años setenta. Después, tampoco lo olvida, que su suerte empezó tras ser admitido en 1980 por Antonieta Mercury en el grupo de teatro popular Tabla Latina, donde escenificó su primer papel, el personaje de un estudiante en la obra “Volverán las oscuras golondrinas”.
Estos golpes de suerte lo hicieron decidirse a estudiar teatro en el Instituto Popular de Cultura y en la facultad de artes de la Universidad del Valle. Y, recuerda, que su oportunidad mayor la representó su vinculación a INTENALCO, sede Las Américas, luego denominada Institución Educativa “Las Américas”.
Nuestro invitado tiene una fundamentación clara que le permite hablar de la importancia pedagógica del teatro en relación con la educación: “El teatro tiene como eje fundamental el desarrollo de la creatividad en la comunicación, en la visión del mundo, es motivador de la comunicación en todas sus expresiones. Le permite al estudiante desarrollar su interés como espectador, su hacer, su formación intelectual y humanista. El teatro integrado a la educación permite formar personas con un punto de vista social y con actitudes críticas. Así mismo, familiariza al estudiante con diversos lenguajes y un aprendizaje integral”. El maestro Carlos Yance, también hace un balance sobre el movimiento teatral colombiano y la crisis que afrontó durante el confinamiento obligatorio: “Pienso que el teatro sigue haciendo resistencia. Los dramaturgos y grandes maestros del teatro colombiano dejaron una huella de una dramaturgia propia asumida por generaciones de nuevos actores y por jóvenes receptivos. Pero la pandemia del Covid-19 afectó al teatro con una crisis de público, porque durante el confinamiento cerró sus salas e impidió programar las temporadas. Esto alejó a sus amantes que se deleitaban con las obras y apoyaban a los actores, largo tiempo, varios meses”.

El proyecto dramatúrgico de la institución Educativa “Las Américas”, dirigido por Carlos Yance, se inició en 1991 con la obra “La cobija”, de su propia autoría. Después, consecutivamente se presentaron más montajes: “El príncipe feliz”, de Oscar Wilde (1992); “La piedra de la felicidad”, de Carlos José Reyes (1993), obra ganadora del Primer Festival Juvenil de Teatro de la Secretaría de Educación Municipal; “Farsa de la ignorancia y la intolerancia” , de Gustavo Andrade Rivera (1994); “Juego de cascaritas y de cascarones”, de Fernando Carrillo (1995 y 1997); “La familia Corredor, limpia, lustra y da esplendor”, de Miguel Brasso (1996, 2002 y 2010); “La muerte madrina”, de los Hermanos Grimm, versión de Carlos Yance (1998 y 2000); “Estudio en blanco y negro”, de Virgilio Piñera, versión de Carlos Yance (1999); “El hombre que vendía talento”, de Gustavo Andrade Rivera, versión de Carlos Yance (2001); “El engañador engañado” (2003 y 2004), de Carlos Yance, segunda obra ganadora en el Festival de Fundazarte (2003); “Los habitantes de piedra”, de Julián Espinosa (2005); “La familia Pantaleón”, de Carlos Yance (2006); “Prométeme que no gritaré”, de Víctor Viviescas (2007 y 2008); “La moralidad del ciego y el cojo”, de Darío Fo ( 2011); “La muela del rey Farfán”, de Miguel Brasso (2012); “Pombo a la escena”, de Rafael Pombo, versión de Ricardo Pinzón (2013 y 2014); “El gigante egoísta”, de Oscar Wilde (2015 y 2016); “La danza del dragón”, de Ramón del Valle Inclán(2015).
Después de un receso de cuatro años, Escenarte, taller de teatro de la Institución Educativa “Las Américas”, este año vuelve a las tablas.
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