Cali, abril 5 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:32
Imagina estar hablando con alguien, disfrutando de un café, y de repente olvidar por completo dónde estás, qué estás haciendo y por qué estás ahí.
No recuerdas cómo llegaste ni qué hiciste durante las últimas horas. Tu identidad, tus recuerdos recientes, todo parece haberse evaporado por un instante. Este fenómeno real y desconcertante se llama amnesia global transitoria (AGT).
Aunque suene a guion de ciencia ficción, la AGT es un episodio repentino y temporal de pérdida de memoria que suele durar menos de 24 horas.
Durante ese lapso, la persona puede parecer completamente lúcida, salvo por un detalle inquietante: no puede formar nuevos recuerdos ni recordar lo que acaba de pasar.
Una y otra vez, hace las mismas preguntas. Pero una vez que el episodio termina, todo vuelve a la normalidad.
La amnesia global transitoria es rara y, a pesar de décadas de investigación, su origen exacto sigue siendo incierto. No se asocia con epilepsia, derrames ni lesiones cerebrales estructurales.
Los escáneres cerebrales generalmente no muestran daño permanente.
Curiosamente, puede activarse tras situaciones tan diversas como tener relaciones sexuales, recibir malas noticias, hacer ejercicio intenso o sumergirse en agua muy fría.
Muchos pacientes describen el episodio como “estar en un sueño” o sentir que “algo se desconectó“. Durante la AGT, pueden reconocer a personas y objetos, pero no entienden por qué están donde están ni qué pasó antes.
“¿Dónde estoy?”
“¿Qué hora es?”
“¿Qué está pasando?”
Y lo repiten cada pocos minutos. Lo más impresionante es que las habilidades motoras, el lenguaje y la personalidad se mantienen intactas. El yo está allí… pero sin memoria inmediata.
Algunos expertos plantean que la AGT podría ser una especie de mecanismo de defensa cerebral.
Ante un estrés extremo o un pico de actividad anormal, el hipocampo entra en un “modo seguro” que impide la codificación de nuevas memorias hasta que se estabiliza. Como si el cerebro necesitara reiniciarse para no colapsar.
Esta hipótesis también se conecta con experiencias disociativas y estados alterados de conciencia. De hecho, muchos pacientes refieren sentirse emocionalmente perturbados días antes del episodio.
La AGT suele afectar a personas entre los 50 y 70 años, pero no exclusivamente. No se asocia a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
En la mayoría de los casos, no deja secuelas ni vuelve a repetirse, aunque puede generar ansiedad por el desconcierto que produce.
Lo más importante: si alguien presenta síntomas similares, siempre se debe acudir a urgencias para descartar causas más graves como un accidente cerebrovascular.
Este fenómeno es un recordatorio poderoso de lo delicado que es el equilibrio de nuestra mente. Un pequeño desajuste puede desconectar lo que somos de lo que recordamos.
Y sin memoria, nuestra identidad se tambalea. Sin embargo, también revela la capacidad del cerebro para protegerse y autorregularse sin generar daño permanente.
A veces, olvidar brevemente puede ser la forma más misteriosa que tiene el cuerpo de decirnos: “Necesito un respiro“.
Este artículo fue elaborado por un periodista del Diario Occidente usando herramientas de inteligencia artificial.
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