La crónica de Gardeazábal

Un leopardo de leyenda

Gustavo Álvarez Gardeazábal

“Los leopardos” fueron un grupo de jóvenes conservadores que siendo estudiantes universitarios durante el gobierno del general Pedro Nel Ospina ( 1922-1926) resolvieron bautizarse con el llamativo nombre de “Los leopardos” y se aventaron a hacer política.

Eran ellos Silvio Villegas, Eliseo Arango, Joaquin Fidalgo Hermida, Augusto Ramírez Moreno y José Camacho Carreño. Tradicionalistas, católicos y reaccionarios en todo el sentido de la palabra.

Enemigos acérrimos de las medias tintas del republicanismo, y de la conciliación surgida de la Guerra de los Mil Días, donde todos perdieron, comenzando por Colombia, pero le dieron con sus ideas, su verbo y su empuje oratorio una dignidad espiritual al conservatismo que dejó profunda huella en la vida nacional.

Sobre el más sobresaliente de ellos, pero curiosamente el máximo frustrado de ese grupo, José Camacho Carreño, un santandereano de estirpe y carácter, acaba de salir un libro escrito por el académico nariñense Vicente Pérez Silva, que resulta casi que increíble leer por estos días.

Titulado “ Un leopardo de leyenda”, si bien está redactado en un estilo de prosa y armonía investigativa que dejaron de ser usadas hace casi 80 años, consigue extraer de los escritos, de los discursos y de las varias biografías que se escribieron sobre ese monstruo de la oratoria y del pensamiento que alcanzó a ser Camacho, un texto amable que se lee con añoranza y que obliga a la comparación con el desierto que atraviesa el partido conservador hoy en día o con la pobreza metafórica conque hacemos literatura quienes nos dedicamos al oficio de escribir.

Aunque Silvio Villegas, Ramírez Moreno y Eliseo Arango sobrevivieron casi 30 años más a Camacho,el fulgor de los felinos godos se terminó cuando Camacho, que había sido dos veces presidente de la Cámara, mató a su cuñado en la noche de año nuevo de 1940 en lo que la misma corporación al juzgarlo aceptó como actuación de legitima defensa bajo ira e intenso dolor.

Vicente Pérez Silva lo resalta en su extraño pero contundente libro y lo concluye con vehemencia, aunque se plega a las palabras de Silvio Villegas cuando Camacho Carreño muere presuntamente ahogado en Puerto Colombia unos meses después de ser declarado inocente.

Las repito porque parecerían ser escritas por Pérez Silva, no por Villegas: “Los últimos años de Camacho fueron de una angustia infinita. Bebió la copa del dolor hasta las heces. En el día de ayer encontró su primera hora de reposo en el vasto océano de Neptuno”.

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