Cali, mayo 1 de 2026. Actualizado: jueves, abril 30, 2026 22:11
Son demasiadas las presiones de quienes quieren obligar al Gobierno Nacional a decretar un cese al fuego bilateral.
Con el reinicio de los diálogos de La Habana, esta semana ha aumentado la presión sobre el Gobierno Nacional para que se dé un cese al fuego bilateral.
La emoción producto de la posibilidad de llegar a un acuerdo con las Farc ha llevado a que muchos promuevan ingenuamente una figura que favorecería a la guerrilla y, contrario a lo que se cree, iría en detrimento del proceso de paz.
Si durante lo corrido de los diálogos de paz, que hoy cumplen dos años y cinco meses, la guerrilla no ha mostrado ningún interés de meterle el acelerador al proceso, un cese bilateral, que implicaría que la Armada, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Policía no persigan mas a las Farc, dejaría a los subversivos sin ninguna presión para negociar rápido.
A esto hay que agregar otro factor: en un cese al fuego bilateral la guerrilla tendría total tranquilidad para dedicarse al narcotráfico, la minería ilegal y otras actividades ilícitas, que permitirían su robustecimiento económico que, ante un eventual fracaso de las negociaciones con el Gobierno, podría facilitar el fortalecimiento militar del grupo armado ilegal.
Que las Farc hayan decretado un cese al fuego unilateral indefinido no cambia su condición de agrupación armada ilegal, por lo tanto, aunque los promotores del cese bilateral argumenten leguleyadas, es deber del Estado combatirlas.
La presión de quienes piden que la Fuerza Pública no combata más a los guerrilleros debe estar enfocada es en la guerrilla, para que negocie y se desmovilice, pues el cese al fuego bilateral debe ser una consecuencia del acuerdo final, no al revés.
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