Cali, agosto 28 de 2026. Actualizado: viernes, agosto 28, 2026 18:30
Desde marzo se venía advirtiendo de la posible configuración del fenómeno de El Niño, por cambios climatológicos observados en el Pacífico ecuatorial, como el aumento de la temperatura. Ahora la Organización Meteorológica Mundial, OMM, confirmó que el temido fenómeno, que se caracteriza por una sequía prolongada, se dará en el segundo semestre de este año, una noticia bastante preocupante para los países de la zona intertropical, pero muy especialmente para Colombia, que ha sufrido sus estragos en otras oportunidades.
Los antecedentes que llevan a esta preocupación son varios: en 1992 tuvo que racionar la energía eléctrica (periodo conocido como el apagón) porque este fenómeno redujo considerablemente los niveles de los embalses que producen energía hidroeléctrica. Por ese lado, el Ministerio de Minas asegura que el país aprendió la lección y tiene como afrontar una sequía prolongada sin cortes de luz. Ojalá.
Más preocupante aún es lo que pueda ocurrir con el agua potable en centros urbanos como Cali. Si en un verano normal, los bajos niveles de los ríos Cauca y Meléndez obligan a suspender la captación, ¿qué pasaría durante el fenómeno de El Niño?
Y si el tema de los servicios públicos es incierto ante la llegada de El Niño, el ambiental lo es mucho más. Sin este fenómeno Colombia acaba de vivir una catástrofe ecológica sin precedentes por cuenta de una sequía que dejó 20 mil animales muertos en el departamento del Casanare.
Según los pronósticos, la primera fase de El Niño se daría a partir de julio, y el fenómeno llegaría a su madurez en el primer semestre de 2015, aún hay tiempo para prepararse, pero no mucho. Ojalá las autoridades dimensionen la magnitud de lo que se viene encima y tomen las medidas necesarias para evitar cortes de energía y de agua, que afectarían la economía y la calidad de vida, y una nueva tragedia ambiental.
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