Cali, enero 15 de 2026. Actualizado: miércoles, enero 14, 2026 22:59
El incumplimiento de las fechas anunciadas es otro factor de desgaste para las negociaciones
Yo por cumplir una fecha no voy a firmar un mal acuerdo”. Esta es la frase con la que el presidente de la República, Juan Manuel Santos, admitió que es poco probable que el acuerdo de paz con la guerrilla de las Farc se suscriba el 23 de marzo.
Deja mucho que desear que a estas alturas, después de tres años y medio de conversaciones, el principal promotor del proceso de paz hable de “un mal acuerdo”, pues el mismo Gobierno ha tratado de venderle al país la idea de que lo negociado hasta el momento en Cuba es la panacea.
Como si esto fuera poco, este aplazamiento es un golpe a la confianza de los ciudadanos que, cansados de que un proceso que se dijo tomaría meses lleve ya tres años y medio, se habían ilusionado con la idea de que el 23 de marzo quedaría sellado el acuerdo final.
Hasta hace solo una semana Santos insistía en que la fecha era inamovible, mientras que desde enero los voceros de la guerrilla habían dicho que el acuerdo se firmaría a final de este año, lo que sugiere una vez más que el ritmo y las condiciones en la mesa de negociaciones lo marca la guerrilla, no el Gobierno.
¿Cuál es el estado real del proceso de paz con las Farc? ¿Por qué se dan fechas y se hacen anuncios que no se cumplen? ¿En verdad se está negociando en La Habana o sencillamente se están validando las exigencias de la guerrilla? ¿Cuánto más tomarán las conversaciones?
La firma del acuerdo final no se debe prorrogar, el proceso de paz está desgastado y, a este ritmo, la credibilidad ciudadana y el respaldo serán cada vez menores.
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