Cali, mayo 30 de 2026. Actualizado: viernes, mayo 29, 2026 21:40
La decisión que tomen los colombianos el domingo debe ser fruto del análisis del acuerdo.
Lo que se vivió ayer en Cartagena muestra la complejidad del tema del acuerdo entre el Gobierno y las Farc: por un lado, la ceremonia en la que el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño (Timochenko) suscribieron formalmente el documento en el que están consignados los compromisos del proceso de paz, y, por el otro, la manifestación de los opositores del acuerdo que fue impedida por el Esmad.
Quiere decir lo anterior que la firma del acuerdo, por importante que sea, no es garantía por sí sola de paz. El histórico acto de ayer no puede hacer que se pierda de vista la complejidad del problema, pues la situación de violencia de Colombia trasciende la firma de este documento: el ELN está activo y desafiante, al igual que las bandas criminales, la delincuencia común está desbordada en las ciudades y la inequidad sigue siendo caldo de cultivo para la delincuencia. En las dos lecturas contrapuestas que hay sobre el acuerdo, lo pactado es visto como una oportunidad para superar estos males o como una puerta a problemas mayores.
Por eso hay que hablar tanto de las oportunidades como de las amenazas, para que así, de la manera más sobria posible, los colombianos puedan decidir la forma en la que marcarán el tarjetón el próximo domingo.
La complejidad del tema se ve, por ejemplo, en las diferentes lecturas que se hacen del acuerdo; mientras que para el presidente Juan Manuel Santos es un modelo en materia de justicia, para el director de la ONG Human Rigth Watch, José Miguel Vivanco, quien no aceptó la invitación al evento realizado ayer en Cartagena, es una “piñata de impunidad”.
El acuerdo de paz, entonces, debe verse con esperanza, pero con realismo crítico.
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