Cali, junio 23 de 2026. Actualizado: martes, junio 23, 2026 21:22
La forma en la que se adelanta la campaña política por la Alcaldía de Cali, a partir de escándalos y ataques, tendrá consecuencias más allá de las elecciones.
Es tanta la tensión generada por la guerra sucia que quien resulte elegido tendrá a buena parte del electorado en contra, lo que quiere decir que el nuevo alcalde, sea quien sea, iniciará su mandato el 1 de enero con problemas de imagen.
En ese sentido, los candidatos se equivocan al basar sus campañas en montajes, mentiras, verdades a medias e insultos, pues generan un ambiente de división y desconfianza que terminará afectando al nuevo gobierno, pues el ganador, gracias la guerra sucia, será visto como una especie de demonio por buena parte de quienes voten y también de quienes no lo harán.
Y es que, además de los problemas de imagen que enfrentará el próximo alcalde debido a la campaña política negativa, también preocupa el efecto en la participación ciudadana, pues cuando la gente observa una contienda llena de confrontaciones y desinformación, tiende a sentirse desilusionada y desencantada con la política en general, y a tomar la equivocada decisión de no participar en las elecciones.
El futuro de Cali depende de un liderazgo capaz de unir a la ciudadanía en lugar de dividirla, por esto es fundamental que a menos de tres semanas de las elecciones los candidatos y sus equipos reconsideren sus estrategias y prioricen la construcción de un ambiente político más sano.
Los electores merecen un debate maduro y respetuoso, donde puedan tomar decisiones informadas sobre quién debería liderar su ciudad.
Ojalá los candidatos entiendan que quienes eligen el camino del juego sucio pueden ganar una elección, pero tarde o temprano serán víctimas de su propio invento, porque enfrentarán serias dificultades para gobernar.
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