Cali, agosto 1 de 2026. Actualizado: sábado, agosto 1, 2026 00:22
Las candidaturas por firmas dejaron de ser una opción de independientes para convertirse en la fachada de políticos tradicionales.
Que 26 de los 30 aspirantes presidenciales estén recogiendo firmas para inscribirse como candidatos independientes es un indicador inequívoco de la grave crisis que atraviesan los partidos políticos en nuestro país y, en general, la clase política colombiana.
Por un lado están los aspirantes que desconfían de los procesos internos de los partidos para escoger sus candidatos únicos a la Presidencia y, para evitar caer presos de componendas y triquiñuelas, prefieren iniciar el camino de la recolección de firmas. De otro lado están los aspirantes que, ante el desprestigio de los partidos políticos, y pese a ser políticos de carrera, tratan de lavar su imagen presentándose como independientes.
Ambos escenarios confirman una realidad irrefutable: ni los políticos ni los ciudadanos confían en los partidos.
Y lo peor es que tanto unos como otros, los que recurren a las firmas porque no confían en los procesos internos de los partidos y los que lo hacen para desprenderse del desprestigio de las colectividades, son políticos tradicionales y, por lo tanto, no representan lo que se supone debe representar una candidatura que parte del respaldo ciudadano expresado en rúbricas.
La posibilidad de inscribir candidaturas a partir de movimientos significativos de ciudadanos (por firmas) surgió como una alternativa para que ciudadanos independientes pudieran postularse a los cargos de elección popular por fuera de los partidos y competir con los políticos tradicionales, pero hábilmente los políticos se han apropiado de la figura, deformándola y utilizándola para maquillar el desgaste de los partidos.
¿Serán los colombianos tan ingenuos como para no diferenciar quién es quién y creer en lobos vestidos con piel de oveja?
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