Cali, agosto 1 de 2026. Actualizado: sábado, agosto 1, 2026 00:22
En los últimos días varios medios de comunicación, entre ellos el Diario Occidente, han publicado encuestas de intención para los cargos que se elegirán el próximo 29 de octubre, por lo que vale la pena reflexionar sobre estas herramientas, tan utilizadas cuando hay campaña política.
Lo primero que debe quedar claro es que tomar una encuesta electoral como la verdad revelada es un craso error, pues estos estudios son simplemente mediciones para hacer seguimiento a la evolución de las preferencias electorales que reflejan un instante a partir de una muestra representativa, cuyos resultados pueden variar tanto como el número de veces que se consulte la opinión de los electores.
Hay varias cosas que los ciudadanos deben tener claras a la hora de analizar una encuesta, y la primera de ellas es la ficha técnica, pues contiene información que permite determinar su validez.
El tamaño de la muestra, por ejemplo, es fundamental, lo mismo que el margen de error, la metodología y la financiación.
Si bien todas las encuestas deben leerse con el beneficio de la duda, esas que no se sabe quién las hizo, cómo las hizo ni quién las financió deben desecharse de inmediato.
También se debe tomar en cuenta que, por buena y transparente que sea la metodología utilizada, lo único que las encuestadoras y quienes las contratan no pueden controlar es la veracidad de las respuestas de los consultados.
La determinación del voto no debe basarse en la categorización de un candidato porque le va bien, regular o mal en las encuestas; lo realmente importante es su historial, las acciones que ha emprendido, su experiencia, las propuestas que presenta y las personas que lo respaldan.
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