Cali, agosto 1 de 2026. Actualizado: sábado, agosto 1, 2026 00:22
El liderazgo y el reconocimiento político no pueden ser utilizados para acabar con la honra de otros.
Dividir el país entre buenos y malos parece ser la fórmula preferida por nuestros políticos para ganar simpatizantes y sumar votos. Los dos sonados casos de acusaciones sin pruebas de los que tanto se habla por estos días así parecen confirmarlo: por un lado, la senadora y precandidata presidencial Claudia López tildó de corrupto al exministro Luis Felipe Henao en un debate radial, mientras que el senador y expresidente Álvaro Uribe llamó “violador de niños” al periodista Daniel Samper; en ambos casos no se aportaron pruebas que sustentaran los graves señalamientos.
Ambos, desde polos opuestos, son orientadores de la opinión pública nacional y ambos son actores importantes de la política, lo que supone debería llevarlos a actuar con mayor responsabilidad a la hora de lanzar este tipo de señalamientos que, además de dañar la honra y el buen nombre de los directamente afectados, echan más leña a la peligrosa pola-rización que vive Colombia.
¿Cuántas de las personas que siguen a Claudia López creen que Luis Felipe Henao es un corrupto solo por que ella lo dijo? ¿Cuántos uribistas incondicionales creen que Daniel Samper es un violador de niños solo porque el expresidente lo dijo? Así los dos rectifiquen, el daño ya está hecho.
Ningún bien le hace a la política nacional que, a escasos ochos meses de las elecciones legislativas y a diez meses de la primera vuelta de las elecciones presidencales, la opinión pública esté centrada en este tipo de peleas pasio-nales, cuando hay tantos temas de fondo que deben ser debatidos.
Quienes han construido liderazgo no pueden utilizarlo para pasar por encima del derecho al buen nombre, la honra y la presunción de inocencia de otros; ¿qué mensajes le envían al país con estas actitudes?
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