Cali, marzo 17 de 2026. Actualizado: lunes, marzo 16, 2026 22:05
En su discurso durante la marcha que él mismo convocó para tratar de contrarrestar la crisis que vive su gobierno por cuenta de las declaraciones del exembajador de Colombia en Venezuela, Armando Benedetti, el presidente Gustavo Petro mezcló dos peligrosas narrativas que viene promoviendo desde hace varios meses: una que busca disfrazar como racismo cualquier cuestionamiento que se le haga a la vicepresidenta Francia Márquez y otra encaminada a minar la credibilidad de los medios de comunicación que publican información crítica o inconveniente para el gobierno.
“Aquí hemos visto una prensa que odia a la vicepresidenta por su color de piel”, dijo Petro, de manera irresponsable.
La frase, sin duda, busca intimidar a los medios de comunicación, pues al imponer la idea de una campaña de desinformación en su contra, pone en peligro a los periodistas y fomenta la autocensura en los medios; esto amenaza la libertad de expresión, la fiscalización del poder y promueve la desinformación.
Ningún funcionario público puede estar exento de la veeduría que ejercen los medios de comunicación, y la publicación de una noticia no puede depender de lo conveniente o inconveniente que sea para el gobierno de turno, pues lo que debe pesar es que los ciudadanos tengan acceso a información veraz.
En ese sentido, es doblemente irresponsable tachar de racismo los cuestionamientos a la vicepresidenta Francia Márquez, pues así como el color de piel no puede justificar ninguna agresión tampoco puede ser una licencia que la exima de la crítica.
El presidente de la República, que tanto habla de paz, no puede estimular los discursos de odio contra quienes le resultan incómodos.
Ya varios periodistas, como Camila Zuluaga, han sido víctimas de acosos y agresiones por parte de fanáticos políticos. Esto no puede seguir así.
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