Históricamente cuando en una sociedad el ambiente se encuentra polarizado políticamente, es más fácil atrincherarse en un bando sin argumentos, es más sencillo apelar al sentimiento y la motivación primaria. En un ambiente polarizado es mejor el amarillismo que el tecnicismo. Predomina el pensamiento binario amigo-enemigo.
Es rentable política y electoralmente esta sencillez y facilidad de expresión de cuasi-ideas, muchas de ellas trasnochadas y con poca vigencia, pero que calan fuertemente por lo atractivo de su dinámica.
En estas situaciones, es más fácil tildar al uno o al otro de guerrillero o paramilitar, de fascista o de mamerto, en sí, siempre será más sencillo encender la guerra y el conflicto que consolidar la paz y la sana convivencia.
A propósito del proceso judicial del ex presidente Uribe, se inundan las redes sociales de uno u otro lado; unos festejando y regocijándose de la posibilidad que este vaya a la cárcel y otros llamando y haciendo incluso la increíble alusión del exabrupto de un llamado a las armas para amenazar con una guerra civil. Nada más descabellado, ignorante e indolente, así se trate de una invitación sin sentido y carente de toda lógica política y logística, por lo menos en el caso de nuestro país.
Es claro que la justicia es para todos y nadie, absolutamente nadie, está por encima de la ley. También es claro, imprescindible e indispensable el derecho a la legítima defensa. El ex presidente entonces tendrá el derecho de defenderse en sus procesos y esperemos que la justicia obre de acuerdo a su razón de ser: el equilibrio y la imparcialidad.
Que lo declare inocente si así lo es y si no, que lo castigue como debe ser.
Sin embargo, en lo que nos atañe a nosotros como ciudadanos “de a pie”, debemos ser responsables “bajando el tono” de nuestras apreciaciones, procedamos a desarmar nuestros corazones y opiniones y a aprender a convivir sanamente en la diferencia e incluso en la divergencia.
Si se quiere avanzar realmente, no se debe perder de vista que la política se hace con proposiciones y no con base a descalificaciones.
Es cierto que ser propositivo es más difícil que ser destructivo, pero también es real que sus frutos son más dulces y nos permitirá seguir avanzando para que nuestro país tenga un mejor futuro, para que en Colombia se nos permita soñar, actuar y opinar sin miedo.
Para desarrollar nuestro potencial como país, donde sus ventajas comparativas de verdad cuenten, es necesario comenzar a pensar como nación, comenzar a ver más allá del corto plazo, debemos revisar las acciones de nuestro diario vivir, dejar de criticar y comenzar a actuar.
Todos los días se escucha y se afirma, por ejemplo, que la corrupción es el gran “cáncer” de Colombia, es momento de cambiar esto. El “ciudadano de a pie” debe comenzar a actuar como tal, como un ciudadano, respetando las normas, las reglas, no sobornando y acostumbrándose a no buscar siempre la fisura en la ley para no cumplirla.
Esto mi estimado lector está más cerca de lo que usted y yo creemos, esto se encuentra bajo el poder de cada persona, de la acción individual, porque de uno en uno, se hacen millones. Por esta razón y a pesar de la tentación de la polarización, es necesario hacer la invitación para que abunden las proposiciones sobre la crítica.
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