Diario Occidente

¿Volviendo al pasado?

Víctor Manuel García

En la actualidad Colombia y el mundo entero afrontan una situación inédita por varias generaciones. Sin embargo, esto no significa que el planeta no haya atravesado en diversas ocasiones situaciones de pandemia, que a través de la historia han puesto en jaque a toda la humanidad, generando experiencias para futuras eventualidades de esta naturaleza.

Actualmente la covid-19 nos ha remembrado la situación vivida en el pasado con la llamada “Gripe Española” a principios del siglo XX, la cual dejó en diversos aspectos experiencias que de cierta manera han podido generar un punto de referencia para afrontar un acontecimiento con un alto índice de contagio como el que atravesamos en este momento. Sin embargo, se ha evidenciado en varios ámbitos una gran falta de preparación, de previsión y sobre todo coordinación entre los gobiernos y las organizaciones multilaterales como la OMS, respecto a la forma de enfrentar el desafío. Esto hace que nos preguntemos ¿será que no aprendimos del pasado?

También es cierto, que esta es una situación que exige un gran esfuerzo gubernamental, político, social y económico, pero debemos tener claro que hay situaciones que no podemos perder de vista, acciones del día a día que ponen de manera urgente en entredicho la vida de los ciudadanos, situación que se vuelve aún más apremiante en un país históricamente convulsionado como el nuestro.

Es difícil negar los avances de Colombia en materia de seguridad en los últimos años, independientemente de la orilla política desde la cual se revisen los acontecimientos, porque este no es un asunto de tintes políticos, es un asunto de humanidad y preservación de la vida de miles de connacionales, muchos de ellos en situación de clara y manifiesta vulnerabilidad e indefensión.

Hablo de avances porque al revisar las cifras, podemos encontrar que, de acuerdo al Instituto de Medicina Legal, en Colombia en el año 2000 se presentaron 25.681 homicidios, en 2005 fueron 17.331, en 2012 la cifra fue de 15.727, en 2018 de 12.130 y 2019 cerró en 11.630. Una reducción del 54.7% en diecinueve años.

Durante los últimos años nos hemos venido por fortuna acostumbrando, a no tener diariamente en los noticieros información de tomas guerrilleras o paramilitares a cabeceras municipales, corregimientos o caceríos. Es innegable que los llamados “paros armados” en las regiones ya no son tan frecuentes; también es innegable la reducción en el número de secuestros, así como es innegable la reducción en las cifras de desplazamiento forzoso.

También es claro que ha tomado fuerza el crecimiento en número de hectáreas de cultivos ilícitos del país, situación que Colombia debe afrontar con firmeza, pero que es imprescindible el mensaje contundente que esta no es una responsabilidad que atañe únicamente a los países productores, sino que debe existir un ejercicio corresponsable real con los países consumidores.

En los últimos años, dejamos de ver en gran medida en las noticias, masacres y tomas armadas pasando a descubrir escándalos y hechos de corrupción, disminuyeron en buena proporción los desplazamientos masivos y comenzamos a ver ineficiencias del Estado y escándalos políticos, pasamos de secuestros masivos a noticias de reclamaciones de derechos.

Por lo menos en materia noticiosa estábamos, o estamos, dependiendo la óptica, pasando de un Estado fallido y en llamas, a un país en reconstrucción, con todas las dificultades, los retos y concesiones que ello implica. Porque sí, hay que ser conscientes que para salir de espirales de violencia, la historia nos ha enseñado que se debe renunciar o hacer concesiones en algo. Si es a través de la derrota militar, se debe concesionar el derecho a la vida de muchas personas y el desarrollo territorial; y si es a través de acuerdos de diálogo, en muchos casos es necesario ceder en asuntos de gran sensibilidad como la justicia rígida y dura, y se deben hacer sacrificios de todos los participantes en pro de la verdad de los hechos y la reparación de las víctimas.

Son procesos tan delicados y sensibles que se deben tratar con pragmatismo y por fuera de dinámicas electorales que caldean y enceguecen en muchos casos, el trasfondo y alcance real de los procesos. En pocas palabras, se polarizan y alejan posiciones que terminan siendo difíciles de hacer coincidir por los beneficios electorales que traen consigo.

Es increíble y genera una gran desazón, sentir que volvemos poco a poco a ver diariamente ese tipo de noticias donde la violencia es el eje central. ¿Será que en estos 210 años nos hemos acostumbrado tanto a esas noticias qué nos hacen falta? ¿será qué añoramos volver al pasado?. No volvamos al pasado, como colombianos debemos ponernos de acuerdo de una vez por todas en unos mínimos: la vida por encima de todo, elegir bien a nuestros representantes, la legalidad desde lo micro para que impacte lo macro y el debate con argumentos primando sobre las vías de hecho. Debemos ser conscientes que en Colombia, de acuerdo a las cifras, no aplica el dicho que “todo tiempo pasado fue mejor”.

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