Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Volver a la universidad

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Al ser humano le aparece su vocación en la infancia y en su adolescencia porque son la escuela y el colegio que se la cultivan. Esto debería guiar a los padres de familia cuando buscan dónde matricular a sus hijos.

Por eso, hay personas que en la adultez expresan su afecto inmortal por sus maestros. Gabriel García Márquez varias veces confesó que su vocación por la escritura se la agradecía a su bella maestra de escuela, que le hizo palpitar su corazón infantil, hasta sentirse platónicamente enamorado de ella. Gabo, reconoció, que años después, en su adolescencia, el Liceo de Zipaquirá fue responsable de volver realidad su vocación por las letras. Coincide que Gabo y Gustavo Petro, pulieran sus vocaciones en el Liceo de Zipaquirá, cada uno en su ámbito: la literatura y la política.

Ambos costeños, educados en los mismos pupitres, intermediados por treinta y cinco años de diferencia, pero conservando idéntico honor de ser egresados del mismo colegio.

Hoy, Petro, en los actos más significativos de su vida, siempre expresa admiración pública por García Márquez y cita su obra literaria.

En la posesión presidencial, exclamó: “Así acababa Cien años de soledad de nuestro querido Gabriel García Márquez, abro comillas, todo lo escrito en ellos era irrepetible, desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad, no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra. Cierro comillas”.

Cuentan, quienes tuvieron la suerte de tomar con Gabo clases de guion en la Escuela de Cine de San Antonio de Los Baños en Cuba o que se fundamentaron en nuevo periodismo en Cartagena, que Gabriel García Márquez más que mago de la narración escrita, era un encantador con la palabra oral.

En mi caso, Gustavo Petro con sus discursos de estos días, es responsable de que después de medio siglo, hoy sienta la mágica sensación de volver a la universidad. Su dialéctica me hizo creer estar escuchando las clases magistrales de connotados maestros de los años setenta:

Edgar Vásquez Benítez, de Economía; Eduardo Pastrana Rodríguez, de Historia de Colombia; Estanislao Zuleta, de Filosofía; Fernando Cruz Kronfly, de Literatura. En la clausura del Séptimo Congreso de la Andi, Gustavo Petro trasmitió a los industriales una auténtica y comprensible clase de economía.

“El mercado no fue capaz por sí mismo de garantizar los derechos fundamentales –dijo el Presidente- , porque estos deben tener un sistema donde sí se pueda usar el mercado, pero el Estado tendrá su papel rector en la salud, en la educación, en el agua potable, en la electricidad, en la pensión. Si queremos industrializar a Colombia tenemos que construir una sociedad más equitativa, con su tierra distribuida equitativamente y su sistema tributario justo”.

Otra anécdota personal, sorprendente, porque el discurso de Gustavo Petro en la ceremonia de transmisión de mando en la policía, tuvo el poder de borrar los lunarcitos que guardaba en mi memoria desde aquel 26 de febrero de 1971. “La policía es una institución con fuerza armada civil para garantizar los derechos y libertades de todas y todos los colombianos –dijo el Presidente de la República-. El concepto está en la Constitución. Quizá la historia del país no ha permitido que se pueda concretizar a fondo y profundamente. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, orienta que la Policía no pertenezca al Ministerio de Defensa, porque no es una organización militar”.

Oírlo nos hace sentir como si volviéramos a la universidad a tomar clases con connotados maestros. Como escuchar a un buen pedagogo, sin retóricas, sus discursos persuaden y fundamentan.

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