Es imposible no sentir simpatía por Javier Milei, el singular personaje que lidera las encuestas por la presidencia en Argentina.
No solo por la manera apasionada en que critica a los tradicionales políticos argentinos de izquierda, a quienes acusa de ladrones y responsables de la debacle económica de su país; ni por la férrea convicción que tiene sobre la existencia de “El Uno”, término con el que se refiere al Creador.
Como economista me parece exquisito como Milei pretende aplicar la teoría económica del libre mercado no sólo para resolver la crisis social producida por la hiperinflación, sino también para convertir a Argentina en una potencia mundial.
Su desdén por el keynesianismo, su pasión por el respeto de las decisiones de vida del prójimo siempre que no afecten a terceros, incluso si son no natos, y su sólida confianza en el mercado como sistema eficiente de asignación de recursos, despiertan mi admiración,
La economía es una ciencia social y, por lo tanto, no es del todo posible crear condiciones de laboratorio para aplicar y demostrar sus principios. Sin embargo, cuando un país enfrenta una crisis de inmensas proporciones, sus habitantes no tienen nada que perder al permitir que su país se convierta en un vasto laboratorio económico que atraerá las miradas del mundo.
Albert Einstein solía decir que, si buscamos resultados distintos, no debemos hacer siempre lo mismo. Esta frase magistral se aplica a la política en cualquier parte del mundo, al afirmar que, si deseamos cambios, no podemos seguir eligiendo a las mismas personas un y otra vez.
Mis mejores deseos para Milei y… ¡Que viva la libertad, carajo!
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