Así como el fuego purifica el oro en el crisol, también es necesario someternos a la censura, aunque no sea cómodo, pero en el ejercicio de lo público y en aras de visibilizar la gestión siempre será necesaria.
Mostrar nuestro trabajo y comunicarlo con asertividad es trascendental. Para algunos este ejercicio de visibilizar la gestión se puede convertir en un acto de pedantería y populismo, pero, realmente es una acción necesaria en la vida profesional, en lo público aún más, toda vez, que continuamente estamos auditados por los ciudadanos.
Nuestra gestión está invadida por indicadores y mediciones expresadas en cifras frías que no son elocuentes, mucho menos expresan nuestras preocupaciones y acciones.
Desde la perspectiva anterior, es importante gestionar bien pero comunicar mejor, de esta forma rendimos cuentas a los ciudadanos, no por un aplauso, hay que trabajar para inspirar no para impresionar, hay que trabajar por un propósito.
Siempre se ha pensado que nuestra labor cuando es diferencial y salida de lo habitual habla por sí misma.
Son los hechos los que logran que los demás nos reconozcan, más que estar hablando de nosotros mismos.
Sin embargo, es necesario evidenciar lo que hacemos para legitimar nuestro estilo de dirección y liderazgo.
A fin de cuentas, dirigir lleva implícito una serie de retos y oportunidades que no debemos dejar pasar por alto.
Bajo el aura de funcionario público siempre debe primar la convicción de realizar las cosas bien y con vocación de servicio, identificar los talentos, escuchar, ser pragmático.
No es sano dirigir con ánimo malsano o en procura de la gloria personal, desconociendo el aporte de los otros.
Se debe vivir en función de los objetivos institucionales, procurando dejarse guiar por el corazón, y al momento de tomar decisiones complejas permitir que ese lado humano sea quien desequilibre la balanza.
Es oportuno traer a colación la siguiente expresión bíblica “por sus obras los conoceréis7”, usada con relativa frecuencia en diversos escenarios, la cual tiene su fuente en demostrar con hechos y no con palabras o intenciones nuestra gestión.
Está claro, son las obras, los hechos, los resultados, las actuaciones concretas, lo tangible, lo medible lo que evidencia nuestra capacidad de liderazgo.
Es decir, no se trata de estrategias pomposas, ni de figuras que atraen por su buen vocabulario o por una apariencia deslumbrante.
Es trascendental comunicar lo mejor posible los logros y resultados. Por lo tanto, esta herramienta puede utilizarse como estrategia de posicionamiento y no dejar que nuestra figura se pierda en el anonimato y entre las personas sin legado y recordación.
Debemos sintonizar el pensar, el sentir y el actuar; asimismo, vivir con coherencia.
Vale la pena recordar el viejo refrán, al árbol se lo conoce por sus frutos y agregaría, que, a ese árbol es al que más le tiran piedra.
Te invito a que trabajes con convicción y pasión sin esperar nada a cambio, sin embargo, muestra lo que haces con humildad y mesura, pero ten siempre presente qué de la modestia al anonimato solo hay un paso.
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