Hugo E. Gamboa Cabrera

¿Verdades o mentiras?

Hugo E. Gamboa Cabrera

Si algo deseamos los colombianos que amamos nuestra patria, es rogar a Dios que Abelardo se posesione sin más preámbulos.

El país lo necesita urgentemente, que refunda esta Colombia descocida por todos lados que nos deja un experimento ideológico que hace cuatro años nos llegó para probar sinsabores y dolores que nos dejan consecuencias que deben ser corregidas rápidamente.

Se necesita que la inversión regrese; que las empresas que cerraron se reabran; que Ecopetrol se recupere y funcione poderosamente; que la economía resquebrajada se maneje con capacidad y eficiencia; que las FF.AA.

recuperen su dignidad y fortaleza porque Colombia los necesita. En fin, tantísimas cosas que dan pena y rabia.

Eso sí, el nuevo presidente De la Espriella, quién tendrá tremendo compromiso con la Colombia sumida en la incertidumbre, deberá buscar la manera de que su entorno presidencial no sea utilizado para golpear a un hombre de la dimensión de Álvaro Uribe Vélez, un personaje que no la ha tenido fácil con su partido cuando tres valiosas damas como María Fernanda, Paloma y Paola, querían ser presidentes de Colombia.

Difícil situación que dejó cicatrices complejas. Por eso no pudo apoyar a Abelardo desde el principio, como era su intención; sin embargo, aparecieron personajes como un tal Carlos Suárez, ex_asesor y abogado de Iván Cepeda y encargado de localizar a presos colombianos en EE.UU. para acusar a Uribe de crímenes y sugiriendo que había que sacrificarlo políticamente.

Un senador samario, Alfredo Deluque, amigo personal de Abelardo, quién siendo senador de la U actuó como aliado de Petro en el Congreso, sugiriendo su intención de querer ser el primer presidente del Senado en el nuevo gobierno para colocarle la banda presidencial, a lo cual De la Espriella, según dijo después, le recomendó buscarse los votos para tal efecto.

El nuevo Mininterior—Rodrigo Lara, contactó a todas las bancadas del también nuevo Congreso, menos al Centro Democrático, para tal efecto. No olvidemos que este personaje acompañó en época aciaga a Iván Cepeda y a Piedad Córdoba (q.e.p.d.), buscando los presos colombianos en EE.UU. para lo mismo de Carlos Suárez.

Igualmente, y es una lástima por ser quién es, Enrique Gómez Martínez, sobrino del inolvidable Álvaro Gómez Hurtado, nuevo Senador, a quién se le nota su hostilidad en sus intervenciones en medios de comunicación, contra Uribe y su partido.

El presidente Abelardo debe entender que Uribe, ese del que dijo que “era su maestro y que su uribismo era más fuerte que el de Lina y sus hijos”, está próximo a retirarse de la política pero, no lo puede desconocer como un aliado imprescindible de su gobernabilidad.

Juan Manuel Santos, el impresentable, lo hizo y vive en el exterior, avergonzado de su premio Nobel y de la forma como dejó al país en manos de quienes nos han lastimado emocionalmente en estos últimos cuatro años.


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