Hugo E. Gamboa Cabrera

La nueva política

Hugo E. Gamboa Cabrera

En Colombia y posiblemente en otros rumbos del mundo, los pueblos critican fervientemente a los políticos, pero, siempre votan por ellos, por los mismos de siempre, hasta el punto que muchos de ellos logran jubilarse, y bien jubilados, con pensiones exorbitantes.

Hoy, si no estoy mal, devengan 59 millones mensuales, con primas especiales abultadas que les ayuda a elevar sabrosamente el promedio para obtener una jubilación envidiable.

Claro que al Congreso llegan políticos muy buenos, con amor por la patria, de esos que se preocupan por el país y su gente pero, es vox populi que en una buena mayoría son personajes indeseables los que logran llegar sin tener méritos para servir a otros, objetivo fundamental de la política.

Colombia es un país hermoso, reconocido por gentes de otras naciones; lamentablemente, “seguimos siendo un país de comisuras para abajo, oxidado, herrumbroso, miope, sepulcro blanqueado, de neón. País que amamos tiernamente, que amamos amorosamente, país que deseamos, que queremos, que comprendemos. País que duele.(Revista Guion Nos. 487 y 530 de Febrero 5 y diciembre 3 de 1987, respectivamente.)

También se ha dicho y se sigue diciendo que Colombia es el país del círculo vicioso, donde para elegirse hay que comprar los votos.

País en el que casi siempre nos equivocamos en la escogencia y nos arrepentimos cuando ya no se puede corregir.

Por eso soy de los que creo que la llegada de Abelardo de la Espriella a la presidencia de la República, es, en cierto sentido, un oxígeno para la política nacional.

Soy consciente que decir esto no es del gusto de la izquierda y de los resentidos pero a otros, a muchos, nos gusta la llegada de un outsider, de alguien que dio un golpe de opinión abrumador que nos permite ver la luz al final del túnel.

Ese estilo proselitista de Abelardo nos ha abierto los ojos. Nos permite pensar que si se puede hacer política distinta en esta época de la inteligencia artificial.

Difícil la van a tener los políticos de autos y los de siempre para convencer y elegirse.

Vamos a tener outsiders a montones queriendo ser alcaldes y gobernadores y, por lo que se siente, la gente pensante y del común, están decididos a seguir esa ruta por una Colombia distinta.

Vamos a salir por fin de esa narrativa de quién mató a Mamatoco y de esa falsa creencia de que Colombia solo es Bogotá.

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