Hugo E. Gamboa Cabrera

¡Uuuff, qué cansancio.!

Hugo E. Gamboa Cabrera

La verdad es que la campaña para elegir presidente en nuestro país, no es nada agradable. Nos fuimos a segunda vuelta y la polarización empeoró. Ahora el malo de la película es el ingeniero Rodolfo Hernández.

La estrategia es atacarlo a como dé lugar, posiblemente porque tiene amplias opciones de vencer pero, la más elemental es tildarlo de uribista, tal como están tildando a todo aquel o aquella que no acepta al otro candidato, situación que posiblemente esté causando más daño a la otra campaña, pues la gente está “mamada” de ese señalamiento, teniendo en cuenta que Uribe Vélez ya es pasado, ya cumplió con los objetivos de su vida y ha preferido, según dijo antes de la primera vuelta, apartarse de este proceso electoral. Otra cosa es que opine como cualquier mortal colombiano.

Sin embargo, por los últimos acontecimientos, la opinión pública se sorprendió con la llegada o ingreso del staff de Juan Manuel Santos y algunos amigos de Ernesto Samper, como Juan Fernando Cristo, quienes estaban amparados políticamente bajo el paraguas de Sergio Fajardo y, dos días después del fracaso del candidato corrieron a donde Gustavo Petro, aceptando sus propuestas de revisar las pensiones, de acabar con la exploración de petróleo y carbón, de no permitir propiedad privada, posiblemente acabar con el empresariado por ser ricos y por ser dueños de grandes empresas, cosa que el socialismo no ve con buenos ojos, todo lo contrario de lo que proponía Fajardo.

Y de otras que preocupan al pueblo en gran parte. No la tiene fácil el doctor Petro, sobre todo con un personaje que no le quiso aceptar la vicepresidencia y prefirió seguir hasta el final con una consigna que ha gustado mucho: ACABAR CON TANTA CORRUPCIÒN, no como en Singapur pero si dentro de los cánones de la democracia.

A mucha, muchísima gente le corre un fresquito con el ingeniero Hernández, por no estar rodeado de algo que al país le molesta: los políticos, por no ir a debates, según él, “a perder el tiempo escuchando peroratas que solo sirven para atraer incautos”; por haber llegado a donde llegó sin poner un solo testigo electoral; por no tener maquinaria con casetas electorales al pie de los sitios de votación, por no pagar periodistas “famosos por cobrar la mermeladita” para inflar candidatos y por ser tan cáustico para decir verdades.

Representa un nuevo estilo y, la gente está impresionada y contentísima con él. Ya los sondeos lo están dando victorioso. Esperemos qué pasa el 19 de junio. Lo cierto es que la nación está entre la esperanza y la desesperanza.

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