Diario Occidente

Una reforma política preocupante

Víctor Manuel García

Para nadie es un secreto que el sistema político colombiano tiene múltiples falencias que genera constantes y repetitivos cuestionamientos en su rol principal como un sistema democrático, porque hasta la fecha la estructura político-electoral del mismo no ha logrado consolidar efectivamente el fin principal para cualquier democracia moderna en el mundo: la representación ciudadana.

Muy pocos analistas políticos del país se atreverían a decir que este es un sistema que le brinda garantías a la ciudadanía en su ejercicio participativo en la estructura tal y como la conocemos hasta el día de hoy, tanto en la vía de la prevalencia del derecho a elegir y aún más en el derecho de hacerse elegir.

En “teoría” al contar con dos cámaras congresionales, “una alta y una baja”, es decir el Senado de la República y la Cámara de Representantes respectivamente, se debería contar con un proceso de participación e interlocución ciudadana más expedito a partir de la lectura del sentimiento y las necesidades del colectivo por parte de las personas elegidas para tal fin.

Sin embargo, en múltiples ocasiones y durante muchos periodos, ha quedado demostrado que lo anterior se ha limitado a discursos electoreros y alocuciones en entrevistas entregadas a los medios de comunicación y publicadas en redes sociales, porque al revisar el actuar en la práctica se identifica que efectivamente el resultado circunda por un ejercicio diametralmente opuesto, el cual surge como resultado de la poca cultura participativa de la ciudadanía a través de la veeduría política del colombiano del común.

En nuestro país en diferentes periodos se han tramitado múltiples reformas políticas, algunas han fracasado y otras no y actualmente tenemos una nueva reforma en curso que lleva ya un estado de avance muy importante en el Congreso.
Los colombianos debemos estar muy atentos a esa nueva reforma, que en sí misma en lo presentado y aprobado hasta el momento, no parece responder a las necesidades legítimas de un sistema endeble y maltrecho como lo es la democracia colombiana.

Por el contrario, tiene unos puntos bastantes sensibles que sin duda afectan aún más el sistema de pesos y contrapesos, pues no podemos olvidar que desde hace ya varios periodos, el poder legislativo figura más como un apéndice del ejecutivo y no se posiciona como su “igual”. No cabe duda que la apertura de la posibilidad de nombramiento de congresistas como miembros de los equipos de gobierno del presidente de turno, se convierte es una valiosa herramienta para que el líder del ejecutivo afiance su poder sobre la que es en teoría la máxima instancia de representación de los intereses ciudadanos.

Otro punto bastante polémico que podría interpretarse como una “estocada mortal” a la participación ciudadana, es que la reforma plantea la eliminación del voto preferente, algo que sin duda le pone un freno al surgimiento de nuevos liderazgos ciudadanos privilegiando la “roscodemocracia” ejercida a dedo al interior de los partidos. Las iniciativas ciudadanas independientes quedan de tajo descartadas a través de esta equivocada componenda, lo cual restringe aún más los incentivos para la participación ciudadana.

Es claro que el proceso electoral actual tampoco favorece la participación ciudadana, en gran medida por las malas prácticas, por cierto muchas de ellas ilícitas, que han llevado a que el costo de las campañas electorales de los candidatos se hayan encarecido de tal forma, que solo pueden postularse como candidatos aquellas personas o clanes familiares que tiene recursos económicos a “manos llenas”, sin lugar a dudas esto tiene que acabar, pero hay que encontrar soluciones que no sean más dañinas que el mismo problema.

De igual forma, si bien la Procuraduría necesita una reingeniería para que no siga siendo un instrumento de coacción electoral en contra de las personas elegidas popularmente, la eliminación completa de sus funciones de control frente a estos “servidores públicos” no puede brindar la sensación que los mismos no quedarán con un organismo estatal que ejerza control sobre ellos en materia disciplinaria, no se le puede dar paso rampante a posibles ejercicios que desemboquen en malas prácticas políticas de quienes manejan los presupuestos de la nación y de quienes ejercen control político sobre ellos.

En fin, definitivamente la reforma en curso parece no responder a las necesidades sentidas de los colombianos “de a pie”, sino que parece que estuviera encaminada a favorecer y consolidar el poder de aquellos que ya fueron elegidos y de los “partidos políticos” y sus dueños, porque la democracia en Colombia ha caído tan bajo que hay partidos actualmente que se comportan como empresas y que con esta reforma es posible que se consoliden aún más de esta manera.

Los colombianos debemos estar muy atentos y expectantes a este tipo de situaciones tan perjudiciales, aunque en caso que sea aprobada en Congreso, aún se puede tener esperanza que el tercer poder político que reside principalmente en las altas cortes (de hecho las únicas que parecen funcionar medianamente bien), ejerza con altura su obligación constitucional, porque esta es sin duda una nueva reforma política preocupante.

Comments

Comparte esta noticia...
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin
Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar