Las vocaciones siempre estarán influidas por aquellos personajes a quienes queremos emular y por causas nobles que nos permitan servir la sociedad.
Algunos escogimos varias profesiones a la vez porque hallamos similares y complementarias sus misiones, por ejemplo, la docencia, la abogacía y la comunicación.
En nuestra escogencia, por ejemplo, el querer emular al brillante abogado Jorge Eliecer Gaitán con sus famosas defensas en los tribunales.
Quienes ya cumplimos más de 40 años de habernos graduado en leyes, profesamos gratitud eterna por la Universidad Santiago de Cali y sus otrora maestros: Ricardo Maya Correa, Mauricio Valencia, Luis Jair Polanco, Antonio Moreno Rumié, Eustorgio Aguado, Juanita Cabrera, Alberto Aguirre Quintero, Iván Díaz, Álvaro Mazo, entre otros.
Esos doctrinantes, jurisprudentes y maestros del litigio, nos fundamentaron con el pensamiento de Eduardo J. Couture: “Ten fe en el derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como el destino normal del derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad, sin la cual no hay derecho, ni justicia, ni paz”.
Recién egresados coadyuvamos con la séptima papeleta y la asamblea nacional constituyente que trazó el camino hacia una salida democrática con la aprobación de la Constitución de 1991.
La Santiago de Cali fue de las primeras Almas Máter que ofreció la carrera de derecho con una nómina de maestros, entre los que se destacó Pedro Elías Serrano, que años después fue uno de los magistrados mártires de la Corte Suprema de Justicia. Mediante mi columna quiero rendir homenaje a los abogados litigantes en su día.
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