Una pruebita de lo que es el infierno

Rodrigo Fernández Chois

Desde que me gradué de economista estoy convencido de la eficiencia del libre mercado y la libertad de empresa para garantizar una mejor asignación de recursos escasos. Sin embargo, hay bienes y servicios que por su naturaleza justifican la existencia de un estado: la educación, la salud, la justicia y la necesidad de que en la sociedad impere el orden y la ley son los más innegables. Pero bajo la premisa fundamental de que el estado sea eficiente brindando y administrando estos bienes y servicios. En caso contrario, el gobierno se convierte en algo indeseable; lo que los economistas consideran una falla de mercado.

En las economías que son centralmente planificadas, un gobierno entrometido se involucra en el mercado de bienes y servicios entorpeciendo, problematizando y paralizando la mano invisible que guía con sapiencia el libre mercado. Es, para los economistas amantes del laissez faire –como yo- una muestra de lo que podría ser el infierno sobre la tierra. Por eso siempre he tenido la convicción de que de presentarse una situación así en donde habite, la mejor decisión será emigrar inmediatamente a un país libre.

Hoy, por cuenta del virus “Made in China”, hemos tenido que soportar que el Estado nos diga si podemos salir, si podemos divertirnos, qué podemos y qué no podemos comprar, qué podemos hacer, hasta qué hora podemos salir y ejercer el comercio, si podemos bailar, etc., etc. Hemos vivido, además del temor que conlleva la pandemia, una muestra fehaciente de lo que es una economía centralmente planificada. Sí, hemos experimentado un ensayo del Infierno. Ruego al Creador para que esta negra noche termine pronto.

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