Las distintas sociedades del mundo se plantean la urgente necesidad de transformar la Educación Superior en atención a los requerimientos de los tiempos actuales.
Para alcanzar que un sistema educativo sea eficiente, debe permitir que los estudiantes culminen los procesos académicos con éxito; asimismo, disminuir las cifras de abandono, deserción y en especial, lograr la permanencia.
De lo contrario, el futuro revelará un abrumador panorama social.
Desde esta perspectiva se deben buscar soluciones de fondo que hagan que la vida universitaria se considere una elección atractiva y viable.
Si se hace realidad, se convertirá en la alternativa ideal para el desarrollo social, de lo contrario, será
una opción más de las muchas que oferta la sociedad del consumo.
En Colombia, en las últimas décadas el sistema educativo se ha caracterizado por un aumento significativo en la cobertura e ingreso de estudiantes nuevos a la educación superior y diversas comunidades y estratos socioeconómicos
han podido acceder gracias a la flexibilidad de las políticas de Estado que buscan responder a las cifras que muestran que quienes no acceden a la educación superior son los más débiles en términos económicos, sociales y culturales.
Para orientar estas nuevas estrategias, también es indispensable que la educación sea pertinente y se intente la formación de competencias que les permita establecer las interacciones sociales sobre la base de un clima de confianza en las relaciones interpersonales y en las capacidades para construir formas de cooperación, potenciar la conciencia cívica y fortalecer los valores éticos, lo anterior, permitirá enriquecer y fomentar el aprendizaje fuera y dentro de las aulas de clase.
Una realidad es que un estudiante empiece su proceso formativo y otra es que lo termine. Allá,es a donde deben apuntar todos nuestros esfuerzos.
Llegados a este punto, un número significativo de estudiantes y padres de familia pierden el interes en la educación superior porque no ven satisfechos sus intereses y necesidades.
Lo anterior, demuestra que la deserción universitaria es un fenómeno nacional con serías implicaciones y retrocesos en especial en lo económico.
Urge entonces, lograr que cada estudiante adquiera las competencias necesarias para el futuro, y para ello, se requiere repensar la organización de la universidad y el currículo para que los procesos formativos alcancen el impacto deseado.
Las organizaciones sociales, la familia, los empresarios y la academia deben ser aliados de los Gobiernos en la transformación educativa. Juntos, exigir calidad.
De esta sinergia dependen los tres factores más importantes para el progreso de cualquier sociedad: el desarrollo económico, el bienestar social y la convivencia pacífica.
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