¿Una cuestión de alcohol?

Rodrigo F. Chois

Hace tres meses reinicié operaciones en mi club LadiesNight siguiendo los protocolos de bioseguridad recomendados por las autoridades. Han sido tres meses ininterrumpidos en los que he estado expuesto con mis colaboradores a manejo de público en un ambiente cerrado.

Sin embargo, a la fecha –y doy gracias a Dios por ello- ni yo ni ninguno de mis colaboradores hemos presentado algún tipo de síntoma asociado con el virus pandémico. La significativa cantidad de personas y nuestras interacciones con ellas me hace concluir que la probabilidad de no contagiarse en todo este tiempo es casi que cero. Y más aún teniendo en cuenta el creciente número de casos reportados en la ciudad que han hecho modificar la alerta de naranja a roja.

Reflexioné un momento sobre este inconcebible hecho y me pregunté si tal vez el consumo de alcohol tenga algo que ver.

Con mucha curiosidad indagué entre un grupo de empresarios que forman parte de la industria del entretenimiento nocturno preguntándoles concretamente si ellos o sus trabajadores habían sido infectados desde que reiniciaron operaciones. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me contestaron con un “no”. Publiqué entonces un tweet y una clienta me escribió jocosamente -pero en serio- que, en un paseo familiar a una finca, toda su familia se contagió menos el tío alcohólico.

No quiero ser irresponsable ni aventurar conclusiones, pero sí dejar sobre la mesa una hipótesis que merece ser examinada y evaluada con mayor rigor. La presunción de que tal vez un poco de alcohol en la garganta –así su graduación sea mucho menor de setenta- puede llegar a convertirse en una barrera de contención del virus.

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