¿Un nuevo sistema?

Rodrigo Fernández Chois

Desde la aparición de los asentamientos humanos, evento que parece haber ocurrido hace aproximadamente doce mil años gracias a la aparición de la agricultura y la ganadería, el hombre ha ideado diversos sistemas para satisfacer sus ilimitadas necesidades con la ayuda de los recursos existentes.

La historia de la humanidad es un fascinante recorrido a través de diversos sistemas estrictamente económicos que, dicho sea de paso, han fundamentado sistemas políticos paralelos.

Pero independientemente de cual haya sido o sea el sistema imperante, nuestro reto es y ha sido contestar tres preguntas fundamentales: ¿qué producimos?, ¿cómo producimos? Y, finalmente, ¿para quién producimos? Y para darles respuesta hemos recorrido las economías de las comunidades primitivas, sobrevivido sociedades esclavistas, cabalgado con caballeros de flamante armadura durante el feudalismo, atestiguar la metamorfosis del capital que nació siendo mercantil, se convirtió en industrial, y finalmente se consolidó como financiero.

¡Y ni qué hablar del aberrante sistema comunista con su absurdo lema: “a cada quien según su necesidad, de cada quien según su capacidad”!

Hoy, en pleno comienzo del Siglo XXI, es el sistema de mercado mixto –sector privado y estado- el que nos cimienta. Sin embargo, desafortunadamente hay una variable nueva que ha entrado en escena y afecta el modelo. Me refiero a la rampante, desbordante e escandalosa corrupción que caracteriza al estado.

Es tal la magnitud del repudiable fenómeno de la corrupción y de la casta de políticos corruptos que la secundan que bien podríamos bautizar un nuevo sistema económico. Un nuevo sistema donde queda muy clara cuál es la respuesta de nuestra tercera pregunta ¿para quién producimos?

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