En el nuevo escenario político de la democracia colombiana, los partidos triunfantes tienen que ganar por mayoría frente al resultado que sumen los grupos derrotados.
En las pasadas elecciones hubo un partido triunfante, el Pacto Histórico, que para empezar a gobernar hizo coaliciones para garantizar la mayoría en el Congreso de la República que aprobara leyes en favor de su programa.
Pero las reformas empezaron a dificultarse cuando unos intereses de los congresistas de la coalición, terminaron represando los proyectos sociales ofrecidos por el partido de gobierno.
El problema es de fondo, no sólo que se radicaran intereses particulares en la coalición.
Lo grave es cuando se incluye en el equipo de gobierno a individuos que se le atraviesan.
Los estatutos de los partidos deben exigir disciplina y sancionar a los miembros desleales con los principios políticos, más, cuando estos sean escogidos en el equipo de gobierno o elegidos legisladores.
Un partido convoca al pueblo a las urnas mediante un programa preciso y explícito y los electores votan con fervor.
Es obvio que en cualquier momento de las ejecuciones, algunos se aparten de la coalición porque no se vean complacidos en sus intereses.
En ese momento el pueblo observará y analizará si estos eran confiables en el cambio social anunciado.
En buena hora, el presidente Gustavo Petro, decidió corregir el error de la escogencia de un ministro y dos ministras, nombrado y nombradas para que gobernaran guiados por idéntica intención democrática y que lo hiciesen favoreciendo al pueblo.
En esta oportunidad, por cuestión de espacio, sólo me referiré al relevo de Alejandro Gaviria del Ministerio de Educación, quien conjuntamente con Roy Barreras, presidente del Senado, se opuso a la reforma de la salud.
Gaviria, como integrante del equipo de gobierno, tenía una cartera y unas funciones precisas, por tanto, era deshonesto que dirigiera la educación y se opusiera al proyecto de salud de su colega Carolina Corcho.
¿Le impartiría educación a una juventud a la que no dejaría garantizarle salud pública? ¿Cuál sería el destino de los docentes con un Ministro con criterios neoliberales? Si recordamos los tiempos del Frente Nacional, cuando los presidentes repartían los ministerios equitativamente, entre liberales y conservadores, los escogidos, indiferentes a sus militancias, opinaban a unísono en apoyo al proyecto social del Gobierno.
Otro caso, el senador Roy Barreras, que recordemos hizo campaña con el Pacto Histórico, cuyo líder máximo Gustavo Petro, fue claro en las plazas públicas donde anunció que cambiaría el sistema de empresas privadas prestadoras de salud.
Sin embargo, Roy Barreras, salió lanza en ristre contra la reforma de la salud.
Ocho días después los colombianos entendimos su actitud: promovería su nuevo partido.
No es extraño en él, quien paseó por varios partidos, sólo faltaba que lo hiciera en el pacto del cambio.
El escenario político es nuevo y complejo, dejará una enseñanza: las coaliciones se pactan con líderes legítimos y, más que pretender sólo mayorías legislativas, pactarlas en lo fundamental.
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