Un milagro llamado Ivermectina

Paola Andrea Arenas Mosquera

Esta columna está inspirada en lo escuchado, lo leído y lo vivido; y agradezco a los médicos Alejandro Varela y Jorge Iván Ospina, haberme permitido experimentar con responsabilidad mi tratamiento con Ivermectina para dar testimonio de los efectos de un medicamento que si bien hoy, y quizás nunca, puedan ni deban generalizarse, tampoco deberían desestimarse en medio de una pandemia que nos está cobrando tantas vidas.

Cuando desde el Ministerio de Salud de Colombia se desestimó el uso de la Ivermectina por no existir los suficientes estudios que dieran evidencia científica de su efectividad para tratar los efectos causados por el Covid 19 en la especie humana, quise ahondar en el tema, por cuanto ya había seguido de cerca, varias declaraciones de médicos, epidemiólogos y salubristas, quienes acuciosos, se han organizado para investigar y pilotear con rigor los efectos positivos del fármaco en la destrucción del virus.

No hay que olvidar que a esta generación le tocó por ensayo y error intentar todo lo que sin mayores contraindicaciones o efectos colaterales, viabilice salvar vidas. Como la frase de la conmovedora pieza gráfica con la que en sus redes, a manera de sensibilización, la Clinica Neuro-Cardiovascular DiME en Cali-Colombia, a través de un muñequito vestido de médico nos dice: “Hacemos Nuestro mejor esfuerzo, es nuestra primera pandemia”

Y en verdad es nuestra primera pandemia! Entonces pregunto: Sí miles de personas están muriendo a falta de respiradores en el mundo y otras tantas llegan a las UCI tardíamente diagnosticadas, víctimas no sólo del virus, sino también de nuestro nefasto sistema de salud, perdiendo la batalla contra la muerte ¿qué hace que el Ministerio de la Salud nos prohíba, o mejor, recomiende a autoridades y a médicos, no probar el uso de las famosas “goticas desparasitarias” que además, y según la experiencia en la Amazonía peruana y otro buen numero de poblaciones; entre la inventiva y la precariedad, hoy le cuentan al mundo de la evidencia de pacientes tratados con el medicamento exitosamente?…El sentido común aplicado a la ciencia, del que además ha hecho referencia el también médico y epidemiólogo Rodrigo Guerrero, pero que nuestro gobierno nacional y muchos puristas desconocen.

Vamos a mi vivencia. Una de mis más recurrentes frases de vida es “Lo perfecto es enemigo de lo bueno” y no porque no me encante la búsqueda de la perfección, sino porque en el absolutismo de quienes la pretenden, sin antes arriesgar con responsabilidad, nos quedamos en la inercia de la intención sin acción y allí es donde perdemos todos.

Hoy estoy aquí, escribiendo esta columna, después de haber probado la ivermectina y experimentado sus inmediatos efectos sobre los abrumadores síntomas que durante 3 semanas me tuvieron en la angustiosa incertidumbre de sospechar y temer, estar contagiada por Covid 19.

Cuando llamé a mi EPS y a la entidad con la que tengo contratada mi medicina prepagada, ya venía de 8 días con por lo menos tres de los síntomas que se publicitan como previsibles del virus. Ya me habían tratado con azitromicina y ni el efecto del antibiótico había hecho que mi inicial molestia en vías respiratorias altas, empezara a afectar mis amígdalas y bronquios; súmenle el stress de los padecimientos para que me practicaran las pruebas y que cuando la EPS finalmente llega, en semejante carrera contra el tiempo, te debes revestir de paciencia porque hay que esperar 8, 10 15 días, -depende de cuál sea su entidad de salud-, para que la falta de oportunidad del diagnóstico no se convierta en otro aliado y cómplice del virus enemigo.

Las predisposiciones señalaban que yo, una paciente con sobrepeso y antecedentes de problemas respiratorios, tenía ya dos condiciones que me hacen paciente vulnerable y de mayor riesgo… extremé mi auto-confinamiento, me aislé de mi esposo y de mi hijo, me puse como siempre en manos de Dios y confié en mi instinto.

Si bien a la hora de optar por un medicamento son necesarias las evidencias científicas, no es menos cierto que ante ausencia de las mismas, probar con lo que es natural o con lo que no siéndolo, tampoco implique consecuencias mayores de efectos secundarios, es una alternativa esperanzadora. Y fue cuando a cuenta gotas, apareció la ivermectina; no como un remedio natural de esos que llega milagrosamente como receta de las abuelas, -aclaro-. Aparece un fármaco tradicionalmente usado en humanos como desparasitario, ahora con insinuación de potentes efectos antivirales.

Mi primera herramienta de persuasión fue un video compartido por la periodista Carolina Rodríguez, una colega cuyos contenidos me despiertan confianza. En éste, el médico internista Marco Martínez de la Clínica Oftalmológica de Cali, daba una clarísima explicación sobre el medicamento, su efecto biológico y cómo actúa en el organismo. El video me inquietó y vino después la llamada que me convenció, una conversación con mi amigo Alejandro Varela, Gerente de la Clínica DIME, un hombre de rigor académico y científico, a quien en medio de mi drama le dije, “ya tengo escalofrío, no voy a esperar que esto avance más, me pongo en tus manos y hagamos lo que corresponda”

El sábado 18 de Julio inicié mi tratamiento de Ivermectina, nitazoxanida y aspirina, bajo las dosis y recomendaciones orientadas por el doctor Varela. El efecto fue de horas y puedo decirles que al segundo día, lunes festivo de 20 de Julio, no solo celebraba la independencia de nuestro País, sino literal, haber “independizado” los síntomas de mi organismo…Cuando llegaron los resultados de la prueba (13 días después) yo ya estaba recuperada. Tenemos por teoría que pude ser negativa a Covid 19 cuando se practicó la prueba y me hice positiva en las semanas siguientes que empeoré sintomáticamente, sin diagnóstico ni tratamiento….como quiera que haya sido, se actuó, pecamos por exceso y no por defecto.. En mi caso dejar agudizar el problema sin intervenir, hubiese podido ser irreversible.

En simultánea a mi recuperación, conocí el drama de un primo con su padre librando la batalla por sobrevivir en una UCI, después de un mes con síntomas subestimados por su EPS, que le recomendaba acercarse a Urgencias como única opción para ser diagnosticado, cuando por estos días nadie quisiera pisar un hospital y se implora tratamiento domiciliario. Al diagnóstico del papá del primo, vino el de la nuera, que por fortuna no requirió hospitalización por no tener asfixia. Fue cuando en un acto de responsabilidad quise compartirle mi experiencia. Ella ya había perdido olfato y gusto, su EPS le había medicado ibuprofeno y aspirina. En un acto de desacato a la conformidad inexplicable de la entidad tratante, decidió tomar la misma fórmula que me refirió mi amigo el médico Alejandro Varela y ahora ella, que es mamá de una bebita de un año, me cuenta que cesó la horrible noche y está sana.

Le leí al mismo Rodrigo Guerrero que desde su aprobación para uso en humanos en 1987 hasta el momento, se han administrado más de 3700 millones de dosis de Ivermectina donadas por los laboratorios Merck y la tolerancia ha sido muy buena, sus efectos adversos mínimos y sus contraindicaciones escasas.

El Alcalde Jorge Iván Ospina, en un acto de irreverencia de responsabilidad y grandeza con el bienestar de los ciudadanos sobre quienes gobierna, se hizo a la provisión de una importante muestra de dosis de Ivermectina para pilotear su efecto bajo seguimiento médico y científico. Diez mil dosis del laboratorio MK producidas por la empresa vallecaucana Tecnoquímicas, hoy son esperanza. Un equipo de expertos desde el Valle del Cauca hace lo propio por afinar y perfeccionar los protocolos para convencer al Invima y al Ministerio de Salud de su validez y legitimidad.

No soy médica y por eso no vine a hablar de un tratamiento desde el rigor científico y con la mirada particular que amerita cada caso antes de probarlo. Hablo de una experiencia personal y de la oportuna decisión tomada con el consejo profesional (no institucional) de dos médicos amigos a quienes les creo. Quizás también sirvieron las novenas que le hizo mi madre al Divino niño, escudada en la fe sobre lo que reza “todo lo que quieras pedir, pídelo, por los méritos de mi divina infancia y nada te será negado”. Quizás esas novenas me dieron el discernimiento para tomar la mejor decisión después de leer, indagar y consultar con quienes debía. Esa fe que también permitió que se revelara en mi, como en tantas personas, los efectos reales del que para mi ha sido, ese milagro llamado Ivermectina.

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