Que Colombia es un país hermoso, es tema reiterativo. Lamentablemente, padece hechos desafortunados que resaltan sobre las cosas buenas, hechos que dan pena, dolor de patria y rabia, de esos que, a pesar del paso del tiempo, no se corrigen o transforman, porque no dejan.
La Corte Suprema funciona políticamente desde hace ya varios años. Aprovechan su estatus para golpear a quienes no comulgan con su misión distorsionada, pero de justicia, nada.
Les hizo daño tener la potestad de elegir Fiscal y a otros altos funcionarios del Estado, lo que utilizan para arrinconar congresistas y no la reformen. La Corte Constitucional era pulcra, transparente.
Hoy sonroja a los colombianos, porque se han dedicado a pagarle al gobierno de turno su escogencia o selección. A ella llegó, entre otros, una señora de apellido Conto, recomendada del mandatario anterior, quién logró ubicar como cónsul en París a una hija suya a cambio de condenar a la Nación a pagar mucho dinero por el atentado de las farc al club El Nogal en Bogotá.
¿Un favor a quién? El conocido Colectivo Alvear, cuyo representante es el ex congresista del Polo, Alirio Uribe, entre otras, demandó al Estado ante la Corte Interamericana (¿izquierdista?) por el atentado de Mapiripán, presentando testigos falsos y encarcelando injustamente al ex general Jaime Uscátegui, por lo cual se ganó trece mil millones de pesos, de los que entregó ochocientos mil a las supuestas víctimas y se quedó con el resto. Nadie investiga. ¿Porqué?
Cosas similares existen miles y miles, pero, somos una mentira con ojos azules, donde la ruana predomina.
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