En el gobierno nacional hubo, hace pocos días, enorme satisfacción porque el Dane dijo que el crecimiento económico había sobrepasado, hasta ahora, un poco más del cuatro por ciento, lo que significa que solamente estamos por debajo de Brasil y México y, por encima de países como Argentina.
Uno escucha, lee o analiza eso y piensa, inmediatamente: Carajo, estamos bien, boyantes y sobrados pero, fuera de los escritorios de los altos funcionarios, otra es la realidad. Precisamente, se acaba de aprobar en el Congreso de la República el presupuesto nacional para el 2013 por un valor de 185.5 billones.
De ese total se destinan para educación 11 billones, para inversión 40.7 billones y para el pago del servicio de la deuda externa, 47 billones. Ni les menciono el billete para la salud.
Es decir, la banca internacional se nos está llevando la mayor parte de nuestros recursos financieros y, rubros tan sensibles como la educación y la salud, siguen siendo la cenicienta. Por eso estamos como estamos.
Y eso que ni para qué hablar de la baja impresionante que se observa en la producción industrial. El crecimiento del que tanto se ufanan es jalonado por la minería, un renglón que produce pocos empleos. Y si nos vamos al Valle, la tierra de nuestros amores, pues la situación económica es todavía más sorprendente.
Según informe del Banco de la República, en el último trimestre nuestras exportaciones bajaron un 16 por ciento, sobre todo en papel, jabón y azúcar, mientras las importaciones se duplicaron, es decir, estamos comprando mucho en el exterior en perjuicio de la industria regional. ¿Efectos de los TLC?
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