Un Congreso que revictimizó a las víctimas de las Farc

Natalia Bedoya

Mal empezó el Congreso de la República eligiendo cómo segunda vicepresidente del Senado a la señora Griselda Lobo o Sandra Ramírez, exesposa de Manuel Marulanda, alias “Tirofijo” y madre de alias Enrique Marulanda, quien hoy integra las disidencias de las Farc en compañía de Iván Márquez y Jesús Santrich. Y no es el hecho de ser exesposa o madre de narcoterroristas, porque no existen delitos de sangre, el problema es que la Senadora integró el grupo terrorista durante años, cometiendo delitos por los que hoy no ha respondido ante la justicia, y aún más grave, delitos de los cuales no se arrepiente y asevera volvería a cometer.

Por respeto a las miles víctimas de las Farc los “honorables congresistas” no debieron considerar elegir en un cargo de tanta importancia a quien hoy niega burlescamente el reclutamiento infantil, a pesar de las cifras que revelan más de 17.000 niños reclutados durante más de 50 años por ese grupo terrorista.

La impunidad debilita la institucionalidad, el Estado Social de Derecho y envía un pésimo mensaje a las futuras generaciones. Un Congreso que sobrepone cualquier interés por encima del valor supremo de la justicia no representa el bien general, por el contrario parecerían convertirse en verdugos de la democracia, pues no podemos olvidar que el pueblo colombiano rechazó mediante plebiscito que las Farc ocuparán curules sin antes responder ante la justicia por sus crímenes.

Esto no se trata de no querer la paz, pues como lo he dicho incansablemente todos los colombianos queremos la paz, pero hay quienes creemos que la única forma de tener garantías reales de no repetición es una paz acompañada de justicia.

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