Hugo E. Gamboa Cabrera

¿Tragedia y farsa?

Hugo E. Gamboa Cabrera

Bueno, uno observa y siente cómo funciona la actual Presidencia de la República y, necesariamente, rememoramos la forma como gobernó Gustavo Petro en la alcaldía de Bogotá, con todas las consecuencias y entuertos que sobrevinieron de ese mandato territorial.

Entonces, nos preguntamos porque lo eligieron Presidente de la Nación. Se pueden mencionar dos razones.

Una, que logró ser Senador, dónde se dedicó a cuestionar y a vapulear, a punta de populismo, a los gobiernos nacionales, exceptuando el de su amigo Juan Manuel Santos, de quién fue socio político y a quién le debe gran parte de su elección presidencial.

Hoy, todo lo que le debatiera a sus antecesores, lo está viviendo en carne propia, incluso con mayor gravedad, en sus once meses de gobierno.

En segundo término, fue elegido por once millones de compatriotas de cincuenta que somos, de los cuales un alto porcentaje se arrepintieron por no ser petristas convencidos, “soñando” que con él el país cambiaría en sus formas y en el fondo pero, estamos viviendo otra cosa.

El irrespeto a la institucionalidad, a la libertad de prensa, ataques a los que no están de acuerdo con sus posturas, como el fiscal general y opositores políticos, son las características principales de su vengativo mandato y, lo más preocupante, sus “benditas” reformas, las que tienen un objetivo claro, empobrecer esta Colombia querida, nivelando a todos por lo bajo, como lo realizan todos los gobiernos de izquierda radical y, querer desaparecer al empresario por el hecho de establecer industrias y, por ende, dar empleo.

Otras incongruencias preocupantes son el de aumentarse el sueldo y el de su vicepresidente, exageradamente, cuando prometió austeridad; aumentar la gasolina consecutivamente; querer acabar con el petróleo y el gas solo para pagarle deudas a Nicolás Maduro, siendo los renglones que más presupuesto le producen a Colombia.

Lograr que el turismo se merme en un 38%, que las exportaciones caigan en un 32%, la vivienda en un 60%, la caída de Ecopetrol en un 40%, todo esto sin mencionar los atentados a la infraestructura petrolera y el incremento abrumador de la inseguridad, del sicariato, de masacres, asesinatos de líderes sociales de manera alarmante. ¿Esto es vivir sabroso?

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