Hugo E. Gamboa Cabrera

¿Tenemos futuro?

Hugo E. Gamboa Cabrera

Salimos de una etapa de reflexión profunda y de sinergia para que esta semana de pascua nos sirva a los colombianos para pensar y repensar sobre las difíciles sombras de incertidumbre que nos golpea drásticamente.

Colombia ha sido un país muy católico, pero vemos con preocupación que de un tiempo para acá el oscurantismo y el ateísmo nos acechan.

Fidel Castro estudió con los jesuitas, posaba de demócrata, hasta que se tomó el poder en Cuba; los expulsó de la isla y reconoció ser comunista, entregándosela a la Rusia de Nikita Kruschev.

Muchos de sus aliados no aceptaron eso siendo fusilados unos y exiliados otros. Hugo Chávez en Venezuela, logró convencer a buena parte de su nación después de un fallido golpe de Estado, logrando elegirse con el voto popular.

Lo primero que hizo fue convencer para cambiar la Constitución la que juró respetar; sin embargo, eso no sucedió.

Expropió empresas, acabó con la libre empresa, obligando a los empresarios a irse de Venezuela, lo que creó desasosiego y un desempleo brutal.

Quedó demostrado entonces, que aquellos gobiernos comunistas no tienen la capacidad de crear empresa y de administrar las mismas y los pobres, que son los que siempre llevan las de perder, empezaron a irse por las fronteras, caminando y a sufrir dificultades en otros países que con limitaciones trataron de brindarles lo más sensible.

Este primero de abril las grandes empresas colombianas, asfixiadas hasta más no poder, el “famoso odio a los ricos”, han sido afectadas con un elevado “impuesto al patrimonio”, que las cogió de sorpresa, y el próximo cuatro de mayo deben cancelar el restante 50 por ciento.

Algunas han decidido, si la Corte Constitucional no actúa, reducir sus nóminas, lo que indica, una vez más, que la ideología de izquierda solo necesita mucho dinero para sus arcas, pero no para el bienestar del pueblo.

En el decreto presidencial no se mencionan argumentos jurídicos que justifiquen ese exabrupto, con mayor razón cuando estamos ad portas de una elección presidencial en la que el gobierno nacional tiene un prioritario interés político con un heredero con barba fidelista y gafas troskistas, que ya prometió “profundizar lo hecho por Gustavo”, es decir, empeorar la salud, por ejemplo.

Dios quiera que los empresarios no hagan lo mismo que en otros países, irse y dejar en el limbo a millones de trabajadores.

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