¡Suenan las alarmas!

Hugo E. Gamboa Cabrera

Aparentemente, el caos, la violencia, todo lo malo que ha sucedido a raíz de un proyecto de reforma tributaria, que solo fue la excusa para que los denominados grupos alternativos reventaran al país y a la economía, ha calmado sus aguas. El país está tratando de sobreaguar después de semejante diluvio, pero los «cuchitos» que integraron el tal «comité del paro» sin que nadie los designara para tal efecto, han dicho que solo salen a vacaciones pero que regresarán. Y yo creo que sí. Tienen que cumplir con una tarea que todos sabemos quienes están detrás o para que cunda el pánico. Ellos no van a dar el brazo a torcer por que saben que el 2022 es, quizá, la última oportunidad que tienen para hacerse al poder, a sabiendas que la mayoría de colombianos, gracias a ese envalentonamiento que padecimos, tienen ya la decisión electoral definida. Una mayoría que no marchó, que vio desde sus ventanas, con horror, el futuro oscuro que le puede esperar al pías en manos oscurantistas.

Por eso, el señor Duque debe actuar con prospectiva, brindarle a sus compatriotas mucha esperanza en el poco tiempo que le queda. Si, ya se sabe que por su amistad con el anterior gobernante no quiso realizar un corte de cuentas y, claro, Colombia se le reventó, política y socialmente. Por tanto, Tiene la obligación de empezar a realizar reformas en favor de los agricultores. Por ejemplo, dejar de importar alimentos que aquí también se producen, arreglar sus vías terciarias, proporcionarle créditos blandos. Ya solucionó lo de las matrículas universitarias para los estratos que más lo necesitan pero, la educación básica, qué. Esa si que necesita reformas radicales. Nuestros niños no pueden seguir formándose ideológicamente, deben tener otro futuro. Los jubilados, también muy olvidados, injustamente maltratados, empezando por ese aumento anual con el IPC, que solo le sirve al Dane, cuando al menos debe aplicárseles el mismo porcentaje del salario mínimo. Debe acabar con tanto organismo innecesario como ese de comprar vehículos blindados, contratar escoltas a granel, para que sean utilizados por personajes que solo dan vergüenza. Debe acabar, especialmente, con tanta corrupción, exigir que los organismo de control funcionen como debe ser y no para cumplir con cuotas políticas. Plantear cuanto antes, un congreso unicameral, suficiente para tomar decisiones sin extorsionar al ejecutivo. Su costo es inverosímil. Igualmente, reformar la justicia, lo electoral, donde tal vez le hacen más daño al país. Su costo tampoco justifica tanta pobreza en Colombia. Mejor dicho, son tantas las reformas, que Duque debe saber como calmar otro u otros incendios que están por suceder, premeditados y calculados. Ni el país ni la economía resisten otro embate como el que acaba de pasar.

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