El amor de los caleños por Santa Librada se pone a prueba en estos momentos que el edificio amenaza con desplomarse y quedar reducido en ruinas.
Con orgullo pregono que durante dos décadas en sus aulas fui docente. Si pasamos por la carrera Quince con séptima de San Bosco y vemos su agrietada edificación, sentiremos similar tristeza que cuando observamos las imágenes de Kiev; aunque la destrucción de la ciudad ucraniana sea producto de la invasión rusa, mientras la fragilidad de Santa Librada sea consecuencia de la indiferencia ciudadana y gubernamental.
A Santa Librada hay que salvarla, tiene que crecer la audiencia. Jorge Zalamea diría “Crece, crece la audiencia”: que lleguen los ministros, que lleguen los gobernadores, que lleguen los legisladores, que lleguen los que planean los presupuestos, que lleguen los profesionales, que lleguen sus egresados, que lleguen sus docentes jubilados, que lleguen todos los caleños, para que no se le anticipe el apocalipsis.
En tertulias uno constata la emoción de los egresados libradunos cuando pregonan que son bachilleres de la primera institución caleña de educación pública, fundada en 1823, les percibimos mayor sentido de pertenencia que al referenciar de tal o cual universidad fueron titulados profesionalmente.
A las instituciones educativas les pasa algo similar a lo que ocurre con las personas, pueden ser olvidadas o quedar indelebles en la memoria de sus egresados que viven para contarlo.
Que perduren las instituciones es tan importante que ha habido casos de colegios que tras desaparecer dejan muchos huérfanos, así se sentirán los bachilleres cuando años más tarde requieren de la certificación de estudios y no saben dónde acudir por el documento requisito, porque los archivos desaparecieron o fueron remitidos a alguna bodega oficial.
En esos casos parece que los saberes perdieran su ancestral patria chica y validez (nacionalidad). Esto explica por qué a los egresados libradunos les preocupa y les duele la suerte de su querida institución, que, a pocos meses de cumplir sus doscientos años, esté al borde del derrumbe. Santa Librada no sólo puede ser de los afectos de sus egresados, sino de los caleños en general, porque de alguna u otra manera todos recibimos beneficios del antiguo colegio republicano.
No es cierto que solamente La Ermita sea ícono de la ciudad de Santiago de Cali. Santa Librada, además de ícono y patrimonio cultural, es el meridiano por donde pasa la historia de la educación republicana.
Por eso sigamos el ejemplo de la Asociación de Egresados, que lleva décadas de arduas campañas por la preservación de su memoria y, ahora ante esta crisis, está convocando para el martes 26 de abril a las 9:00 am en el coliseo del colegio a un cabildo abierto “En defensa de Santa Librada”.
Los noveles profesionales, jóvenes egresados desde hace dos décadas para acá, deben sumarse a la causa común de Juana Peláez, egresada y lideresa, y de Julián Bonilla, egresado y abogado, quienes demandaron una acción popular para que se intervenga, opción jurídica que ya fue admitida por el Juzgado Noveno Administrativo de Santiago de Cali.
A todos los caleños nos debe importar el destino de Santa Librada, porque fue la madre mayor que engendró otras instituciones de caleñidad, sino ¿Cuál será la explicación de que lleven los nombres de los ilustres egresados libradunos Evaristo García, Antonio María Valencia y Enrique Buenaventura, importantes instituciones como el hospital departamental, la escuela de música de Bellas Artes y el Teatro Municipal? Santa Librada siempre ha generado vida, alegría y arte. Siempre será territorio de historia, inteligencia, democracia, amor y paz! ¡Hoy, mañana y siempre! ¡SOS por Santa Librada!
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar







