Soplan vientos post protestas, revanchistas y polarizadores. Durante los últimos años, la metrópoli Santiago de Cali venía posicionándose como la ciudad de los murales y de los grafitis.
Jóvenes argentinos lo abordan a uno para que les indiquemos donde hallar dibujos, pues nos dicen que los críticos bonaerenses señalan a Santiago de Cali como epicentro del muralismo en América Latina.
Ahora caigo en la cuenta porque sobre los citadinos muros públicos hay pintados dibujos ecologistas, indigenistas, incluyentes, pacifistas, igual que, grafitis con idénticos temas.
Pero en este puente festivo vi cómo los caleños que transitaban en sus vehículos cerca al puente de la calle Quinta con cuarta, quedaron sorprendidos cuando observaron que una brigada madrugó a borrar con pintura gris los murales y los grafitis que fueron pintados durante el paro nacional.
Recordé que Gabriel García Márquez confesó que en 1939, cuando conoció a Bogotá, le pareció una ciudad fría, triste, oscura y tenebrosa, debido a sus muros grises.
El grupo de jóvenes de la brigada vestía camisetas con símbolos y mensajes de: “No al comunismo”, “Yo soy seguridad”, “Yo soy empleo” etc. Sin discriminación alguna, borraron, entre otros, grafitis pacifistas, “La lucha es por la vida”.
Afortunadamente no pasó a mayores la espontanea confrontación de razones, de parte y parte, entre un integrante de la brigada y el líder social Alfredo Mondragón.
Un señor de la tercera edad fue el único vocero autorizado que apenas atinó a argumentar que se trataba de una campaña de embellecimiento de la ciudad.
Este hecho bochornoso y de intolerancia me hizo recordar que los muralistas y los grafiteros son artistas que en el mundo impulsan el arte alternativo popular urbano.
Ellos cumplen similar misión testimonial que los escritores con sus novelas del Boom de la Literatura Latinoamericana. Su rica producción intelectual ocupa lugares destacados en las bibliotecas públicas de la ciudad.
Que no se les vaya a ocurrir también emprender una “campaña de saneamiento” en las bibliotecas centenarias, departamentales y populares.
Pero en los principales museos ocupan destacados lugares los cuadros de Fernando Botero, Alejandro Obregón, Débora Arango y Pedro Alcántara, contextualizadas sus pinturas con épocas de violencia en Colombia.
Conscientes de que su obra pictórica queda en las colecciones particulares de los magnates o en los museos sin el acceso suficiente del público, algunos famosos pintores también dejan un mural sobre alguna pared para extasiar la mirada de los transeúntes.
Los grafiteros consideran sus mensajes como auténticas voces colectivas. El muralismo es tan importante para las ciudades que refleja la concepción cultural de determinadas alcaldías.
Las expresiones de los grafiteros sobre los muros públicos indican si hay libertad de expresión y el grado de tolerancia administrativa de las ciudades.
El muralismo y el movimiento del grafiti, tienen importancia cultural como formas de expresión popular, que también han sido tema de los directores del séptimo arte.
“El mural” (2010), película argentina dirigida por Héctor Olivera, narra la historia del pintor David Alfredo Siqueiros, quien a principios del siglo XX generó amor y odio por su mural.
“Los hongos” (2014), dirigida por Oscar Ruiz Navia, narra la historia de dos jóvenes grafiteros entregados a esta pasión, a costa del descuidar sus estudios universitarios y su sobrevivencia.
Ellos también afrontaron el asedio de las autoridades por considerarlos transgresores de las normas de policía. Si los artistas renacentistas no hubieran pintado al ser humano desnudo, al hombre pensante y propuesto nuevas tipologías sociales, el mundo se hubiera estancado en la Edad Media.
Borrar los murales de la ciudad es pretender extirpar a Cali de la historia.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar







