Rodrigo F. Chois

Songo delató a Borondongo, Borondogo delató a Bernabé

Rodrigo F. Chois

Es imposible no sentir desencanto ante la avalancha de noticias sobre corrupción, enriquecimiento ilícito, peculado y cohecho que han destapado los medios de comunicación en los últimos meses.

Cada semana, como si fuese una mala película de consternación, sale a la luz un nuevo escándalo con nuevos implicados. La frecuencia de las revelaciones y deplorables sucesos es tal que me hace pensar que los colombianos posiblemente hemos perdido la capacidad de asombro y nos vale lo mismo ocho que ochenta. Espero honestamente, por el bien de nuestra sociedad, que esto no sea así.

Hoy vemos funcionarios implicados que quieren acogerse al llamado principio de oportunidad brindado por la fiscalía, confesando y, por supuesto, delatando a sus cómplices.

Si bien es cierto que esta actitud rompe con los códigos mafiosos y del crimen organizado donde impera la ley del silencio, observa de manera perfecta un concepto fundamental de la teoría de juegos conocido como el Equilibrio de Nash.

En pocas palabras, cada acusado obrará –o cantará para ser más preciso– prediciendo que los demás delatados también harán lo propio para garantizarse a ellos mismos la menor condena posible. Estas delaciones conjuntas se conocen en la teoría de juegos como el Dilema del Prisionero. ¡Hurra por las matemáticas y el egoísmo humano!

Ante la esperada cadena de delaciones, viene a mi mente el divertido coro de la canción “Burundanga” de la inolvidable Celia Cruz, al cual sólo le cambio el verbo dar por delatar para hacerla acorde con el propósito de esta nota: “Songo delató a Borondongo, Borondongo delató a Bernabé, Bernabé delató a Muchilanga, le echó burundanga… Les hincha los pies.”

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