Sinovac: mi segunda dosis

Miguel Yusty

Para mí todas las segundas dosis fueron siempre un gravísimo problema, que adquirió con el tiempo perfiles de tragedia. Por extraño que les parezca, llevo 25 años huyéndole al fantasma de la segunda dosis.

Hoy día, y gracias a una serie de circunstancias milagrosas, esa sombra espectral no se me aparece en ningún recoveco del día o de la noche. Ya no caigo ni en las trampas ni en las emboscadas, ni en los dilemas de la segunda dosis. Por el contrario, he dedicado parte de mi vida a enseñarles a muchas personas conocidas y desconocidas que “con una dosis es suficiente y con mil no”, salvándolos de los efectos aterradores que para su vida puede llegar a tener la trampa de la segunda dosis.

Sin embargo, y después de haber sobrevivido a un demoledor covid durante un mes y medio, que me tuvo diariamente al borde de la muerte en una UCI y después de varios meses de recuperación, decidí violar mi promesa de no consumir la segunda dosis, en razón de que ella va a ser el inicio de la total y definitiva desaparición del covid en los pocos años que me quedan por disfrutar la vida. Así pues, el 13 de marzo me apliqué la primera dosis de Sinovac y estoy a la espera de recibir la segunda.

Espero, que en medio del caos y la confusión que por el momento está causando la decisión del gobierno chino de suspender los envíos comprometidos, este 25 de abril sí pueda mi hombro izquierdo sentir el chuzón milagroso de la vacuna.

No solo lo espero yo, sino todos aquellos que en medio del pesimismo que generó las tortuosas negociaciones del Gobierno Nacional con las multinacionales farmacéuticas, podamos ver en el transcurso de este mes y a pesar de la suspensión, que las vacunas guardadas casi como un tesoro respondan y efectivamente se solucione la incertidumbre, porque no vaya a darse, como sucede a menudo en el país, un gigantesco conejazo y que terminemos sin que nos expliquen qué fue lo que sucedió.

A esto hay que agregarle la operación tortuga que siguen protagonizando un grupo muy grande de adultos mayores, quienes no creen en la virtud preventiva de la vacuna, y que andan todavía secuestrados por teorías negacionistas, que como en Estados Unidos, Brasil y México, por ejemplo, los llevaron a registrar altísimas cifras de contagiados y fallecidos.

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