Carmiña Navia Velasco

El terremoto

Carmiña Navia Velasco

En la historia ha habido miles de terremotos, sin embargo para nosotros los caleños y caleñas, el terremoto del 10 de Agosto, será siempre el… por antonomasia.

Y sus consecuencias no las olvidaremos jamás. Nuestra ciudad quedo semidestruida en sus edificaciones y en sus sentires.

Pido al cielo y sobre todo a la Madre Tierra, no se repita nada parecido.

No creo que es pertinente referirme a otra cosa en esta columna… Lectores y lectoras no estamos para “salir del tema” …

Sólo quiero registrar que se me quedaron entre el tintero dos realidades a las que me iba a referir: La destinación del Centro Cultural de Cali, a despacho presidencial, un craso error histórico y el maridaje terriblemente peligroso entre poder y religión.

Una vez mencionados esos hechos, me centro en la realidad que se nos vino encima, como los edificios y los ladrillos.

La mañana del 10 de Agosto los caleños fuimos sorprendidos con un terremoto magnitud 7,4 de casi 2 minutos de duración.

No había habido nada tan fuerte desde el 7 de Junio de 1925 en que la ciudad fue sacudida por un sismo de 7.8… Ese movimiento de 1925, cambió la faz de la ciudad en ese entonces.

Esta vez también la ciudad y sus gentes cambiaremos, nos tocó la vida con un empujón fuerte.

Aún no sabemos la magnitud del desastre porque los desaparecidos que son muchísimos y podrán aparecer en clínicas u hospitales y si están muertos bajo escombros tal vez no se encuentren.

Habrá registro de las edificaciones principales pero no de las cientos de viviendas afectadas y semidestruidas en todos los barrios de la ciudad.

Sabremos aproximadamente el números de heridos medianamente graves, pero nada sabremos de las afecciones psíquicas que perdurarán en múltiples cerebros y corazones, los traumas y los miedos… las tristezas.

La magnitud del daño no se puede contabilizar, la pesadumbre habita la ciudad.

Pero lo que creo que debe grabarse en nuestra memoria, al mismo tiempo que los vaivenes de la tierra, es la inmensa solidaridad que llenó nuestros corredores de vida esta semana.

La ciudadanía respondió generosísimamente a los llamados: Agua, colchonetas, alimentos, cobijas… los almacenes se vaciaron y los centros de acopio se llenaron.

Caleñas y caleños fueron tocados por el dolor propio o ajeno y la respuesta fue tan grande como la intensidad del movimiento.

El festival Petronio -en buena hora suspendido- se convirtió en un festival de entrega de ayudas y comidas para los cientos de miles de damnificados que fueron llenando las calles, las carpas y los refugios de la ciudad.

Las distintas iglesias y agrupaciones religiosas de jóvenes y adultos se llegaron también con su presencia y con su apoyo material.

En nuestras memorias grabados quedarán esos dos minutos en los que la tierra no paró de moverse y nos dejo inútiles al viento… pero grabada quedará igualmente la solidaridad inmensa que recorrió las calles y los barrios.

En nuestros ojos quedará una placa grabada: Carros y camionetas, caminantes por cientos… cargados de la necesidad de aquellos y aquellas que fueron más golpeados.

Y en el ambiente, lo mismo que en mi mente revuela una pregunta: ¿Quién reparte las suertes? ¿Quién escoge el destino? ¿Quién abre y cierra puertas?

ADENDA: Desde aquí también quiero agradecer la gran solidaridad que ha despertado La Casa Cultural Tejiendo Sororidades.

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