Diario Occidente

Sin control

Víctor Manuel Garcia

En las últimas semanas hemos vivido en Colombia unos días que parecen un gran retroceso. En este punto encontramos dos visiones diametralmente distintas: la primera dirá que esta es la realidad de un proceso de progreso radicado en la reivindicación de derechos civiles; la segunda por el contrario, asegura que es la situación heredada de un gobierno anterior, donde se deja un Estado desordenado y en gran parte conmocionado.

Desde la óptica de un ciudadano que busca estar al margen de esta tenebrosa y malintencionada polarización, se podría aseverar que ni es la reivindicación de derechos, ya que la misma en un país civilizado no se hace a través de la violencia y mucho menos con vandalismo; ni es la segunda, ya que es completamente mediocre y superficial seguir en el mismo discurso en el que todo es culpa de un gobierno anterior, siendo el momento de asumir responsabilidad frente al país, frente a sus electores.

Poco a poco pasamos de una ilusión a despertar en la nueva realidad atizada por el descontento social que se ve fortalecido por la profunda crisis económica derivada de la pandemia en el país.

Pasamos de una ilusión porque durante los últimos años nos fuimos acostumbrando a la reducción constante de la tasa de homicidios; nos fuimos acostumbrando a estar insertos cada vez más en las discusiones del orden regional y global y dejar de ser percibidos como un Estado fallido para a ser considerados como una esperanza en todo el hemisferio occidental.

De manera literal, los reflectores mundiales comenzaron a ver en Colombia esa dinámica económica que podría ser traducida en herramientas para enfrentar los retos sociales surgidos en el territorio por la incesante guerra y el desorden social en las diferentes zonas del país.

Sin embargo, parece que nuestra sociedad no está preparada para esta situación, y me atrevo a decir semejante aseveración ya que el fiel reflejo de una sociedad son sus representantes políticos.
Nos hemos vueltos insensibles frente al dolor ajeno, frente a lo que los mayores llaman como el “dolor de patria”, tanto así que aún faltando casi dos años para las elecciones parlamentarias y presidenciales, ya se siente como se atiza y se caldea el ambiente electoral, usando como herramienta esa profunda polarización que vive nuestro país, polarización que debido a esas irresponsables intervenciones de cada uno de los extremos, profundizan aún más esta situación de violencia, descontrol y falta de autoridad.

Somos tan ajenos a este dolor y la violencia se encuentra tan arraigada, que no es posible para nuestros “dirigentes”, hacer política electoral sin atizar el discurso buscando siempre llevar al colombiano al pensamiento binario amigo-enemigo, discurso donde no cabe en ninguna parte un término como la “construcción conjunta de sociedad”, simplemente porque es un proceso más extenso, de más trabajo y que requiere un pensamiento de largo y mediano plazo, muy diferente al pensamiento cortoplacista al cual estamos acostumbrados en nuestras dinámicas políticas.

Este es un momento de “oro”, es la oportunidad que durante tantas décadas la sociedad ha clamado por ella, pero cuando se le presenta se asusta porque no sabe “pasar la página” y lo comienza a “echar a perder”.

“Pasar la página”, el perdón, la reconciliación, pero sobre todo la no repetición, son situaciones necesarias para construir un mejor país, un país donde se pueda soñar con una sociedad más justa, ordenada y pacífica y dejar de estar nadando en turbulencias políticas y sociales que nos hacen sentir que estamos condenados a vivir en un territorio sin control.

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