Sin apellido machista

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Cada que yo decía llamarme Luis Ángel Muñoz, sin agregar el apellido Zúñiga, mi madre me recriminaba diciendo que “no era un hijo desmadrado”. “Que sólo los bastardos llevaban un apellido”. Una amiga mía eliminaba su apellido paterno porque le deshonraba ya que su progenitor la había abandonado desde niña. Un profesor pasaba dificultades cada que requería a un estudiante para registrarle alguna calificación.

En la listas no encontraba su apellido cuando decía llamarse Joe Plata. Al estudiante no le gustaba la frase que formaban sus dos apellidos, prevaleciendo el paterno: Joe Hurtado Plata. Las personas defienden su nombre considerándole el único patrimonio accesible. El nombre es el derecho fundamental más importante porque humaniza. El nombre y el apellido identifican a los individuos y les otorgan capacidad y autonomía.

Nuestros apellidos nos siembran el sentido de pertenencia a la familia. Hubo políticos que luego de ser intrascendentes, quisieron perpetuarse poniéndole su nombre a las calles, los parques o los colegios. De ahí que es plausible que la Corte Constitucional haya tumbado la Ley 54 de 1989, que era discriminatoria al hacer prevalecer el apellido paterno seguido por el materno.

Ahora los conyugues se pondrán de acuerdo sobre cual apellido irá de primero al registrar los nombres de los hijos. Si no, más tarde, ellos mismos podrían invertir los apellidos ante una Notaría. Si la Corte Constitucional tumbó la norma machista, ahora que no se empantanará en la moción de censura a un ministro, al Congreso de la República le queda la juiciosa tarea de legislar sobre el orden de los apellidos en el nombre.

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