El acoso y abuso sexual en el ámbito laboral es inaceptable, al igual que todas las formas de violencia contra las mujeres; sin embargo, sigue siendo una constante.
En marzo, el mes internacional de conmemoración de las luchas de las mujeres, seguimos enfrentándonos a una realidad dolorosa: el acoso y el abuso sexual en el trabajo no cede, no se transforma; por el contrario, se afianza y se instala en los espacios laborales para recordarnos a las mujeres, que el camino hacia la igualdad real sigue siendo espinoso.
Cuando pensamos en el lugar de trabajo, sin duda pensamos que este debería ser, por definición, un espacio seguro: un entorno donde las personas se desarrollen profesionalmente, donde las mujeres se sientan cómodas, satisfechas y plenas en el ejercicio de sus derechos.
La Constitución Política de Colombia consagra esos derechos y establece la obligación del Estado de velar por nuestro bienestar como ciudadanas.
Hoy vemos que esa realidad aún está lejos. periodistas de nuestro país han denunciado acosos y abusos sexuales por parte de presentadores y periodistas del Canal Caracol.
Entre los testimonios más impactantes, una de las valientes comunicadoras manifestaba que le pedía a Dios ser invisible.
¿Será acaso que las mujeres trabajadoras en Colombia terminamos luchando por ser invisibles?
Hemos peleado durante toda la historia de la reivindicación de los derechos de las mujeres por ser visibles, por tener voz, por tener voto.
Es inadmisible que cualquier mujer en Colombia o en el mundo piense o haya sentido que su única opción es hacerse invisible.
Sin embargo, en ocasiones, esa parece ser la única salida ante una realidad que, en algunos casos, nos supera.
Colombia ratificó el Convenio 190 de la OIT, mediante el cual el país se compromete a generar acciones para reducir las brechas de género en el ambiente laboral, prevenir y sancionar el acoso sexual, y transformar culturalmente las organizaciones.
La ratificación de esos Convenios internacionales entra a formar parte del bloque de constitucionalidad.
En esa dirección, las mujeres debemos exigir que en nuestros entornos laborales existan rutas claras, canales seguros y mecanismos efectivos para denunciar, alzar la voz y erradicar estas prácticas que nos someten y nos impiden avanzar.
A las periodistas valientes que denuncian: gracias por hacer visible lo que tantos han querido mantener invisible.
@LizaRodríguez18
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