¿Qué nos impide sanar?

Natalia Álvarez Aguado

Días atrás me invitaron a un Facebook live de la empresaria caleña Beatriz Elena Ramírez de Creer y Ser, quien me sugirió que habláramos de las emociones como una oportunidad para seguir sanando. Por claras razones acepté y quiero que hoy podamos dar un refuerzo a muchos conceptos que los seguiré mencionando en mis próximos artículos de cómo hoy veo lo que denominamos enfermedad. Para esto lo explicaré con algunas analogías.

Nuestro cuerpo físico tiene millones de células las cuales se mueven y se modifican a través de innumerables respuestas químicas, estas son generadas de manera inconsciente por nuestro cerebro de acuerdo a como cada uno de nosotros aprendió a defenderse, a sobrevivir y a vivir en su primera infancia. Quiero aquí hacer una asolación “ninguno tuvo la misma infancia y vivió la misma experiencia, ni sintió o vivió la misma herida”.

Es así como por ejemplo algunos somos susceptibles de enfermar más de las vías respiratorias, de las articulaciones o de la piel o de la mente. Yo como médico me lo pregunté muchas veces: ¿Por qué una familia entera puede sufrir de Cáncer, de diversos tumores? Ninguno es de origen genético, ni congénito, ni tuvieron exposición a radiación o a algún agente tóxico. ¿Qué pasó en ese hogar? ¿Será que vivieron el mismo dolor, pero lo percibieron diferente? Estos y muchos interrogantes más hicieron que despertara mi curiosidad, la medicina tradicional de la cual me gradué no los menciona ya que es una pseudociencia, no tiene evidencia científica.

¿Cómo comprobar si cada uno vivió una experiencia diferente? Si habláramos del método científico se debe escoger un grupo poblacional grande que haya vivido la misma enfermedad, promedio de edad y tratamiento para poder ser incluido en el estudio, de lo contrario la muestra poblacional se hace más pequeña y el estudio no tendría mucha validez. Generalmente estos estudios son muy costosos de hacer y requieren un respaldo de la industria farmacéutica la cual en este caso no se tendría.

Si nosotros sabemos que tenemos un cuerpo físico, también sabemos que hay algo que se va cuando morimos, a esto le conocemos como alma. Hagamos el siguiente símil: El cuerpo físico es una impresora, el alma es el software y para que los dos se conecten requieren de un computador, así le llamaremos en esta analogía al cerebro. A veces cuando el software falla imprime sin haber dado la orden y se queda imprimiendo miles de hojas esta es la enfermedad.

En el alma hoy llamada “software” se guardan todo lo que le llamamos emociones calladas, guardadas, pensamientos de culpa, de miedo, de dolor, de rencor. En consulta veo que lo que mas calla nuestra sociedad son abusos físicos, verbales, sexuales; callamos dolor de nuestra primera infancia, por vergüenza, por miedo, por rabia, por rencor. Con el tiempo nuestro cuerpo, hoy llamada impresora, genera una hoja con una cantidad de información nombrada como “enfermedad”. Nuestro cerebro simplemente da la orden de imprimir porque él ve una señal emitida a través de nuestros ojos, de nuestra piel, de nuestros oídos, de nuestro tacto, de nuestro olfato que nos recuerda que hay algo que sigue ahí sin poder salir a la luz.

Hoy me declaro fans de preguntarle a mis pacientes, ¿Cómo se sienten?, ¿Qué cree que le generó esta enfermedad? ¿Cuál fue su experiencia vivida en la infancia? Con el fin de poder tocar el dolor que el paciente lo haga consciente, pero sobre todo se haga responsable de tocar esa herida y curarla él mismo.

Recordemos que nosotros somos los mayores sanadores y rescatadores de nosotros mismos, nadie lo hará por nosotros si no damos el paso a tomar la manivela de nuestro barco. Mi consejo hoy es si padeces de enfermedad responde esas preguntas y si esta lectura resuena contigo te espero en mis redes sociales en Instagram: @dra_nataliaalvarez o en la página Facebook: @centromedicomana; los esperamos con una mirada integral de la enfermedad.

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